Diáspora

Venezolanos viven un “déjà vu” en la explosión social de Chile

Foto: agencias
Héctor Daniel Brito

Chile se ha convertido en una pesadilla para muchos: saqueos, choques entre manifestantes y fuerzas del Estado; violencia en las calles, destrozos a la propiedad pública y privada; largas filas en supermercados para poder adquirir alimentos y colas inmensas en las estaciones de gasolina han generado tensión en el país austral. Hoy no es la excepción.

Las protestas se mantienen. Santiago de Chile, al tiempo, luce llena de escombros y con ciudadanos temerosos por lo que ocurre o puede ocurrir en las próximas horas.

Los migrantes venezolanos son parte de los preocupados. Una comunidad, con alrededor de 800.000 personas, que huyeron en los últimos años de la crisis política, económica y social de su país, ahora enfrentan una situación muy compleja como extranjeros.

Otro campo de batalla

En un Walmart, Danianys García intenta comprar algunos productos junto con una cantidad de personas que acuden por “compras nerviosas”.

En medio de su compra, le cuenta a Papagayo News cómo la situación en Chile pasó de ser una protesta pacífica por el aumento del pasaje del metro de Santiago a una ola violenta que ha terminado en ‘horas de queda’ por la gravedad de los hechos.

“Yo siento que esto es una furia, una rabia, un resentimiento que tiene la gente de hace mucho tiempo atrás. Muchas injusticias, cosas que vienen pasando, como el costoso acceso a la salud o a la educación, y la brecha muy marcada entre clases sociales”, reflexiona García.

Asimismo, sostiene que las protestas son el trasfondo de una queja colectiva, la cual exige la mejora de la calidad de vida de los chilenos.

“Nosotros (su familia) tomamos las medidas como venezolanos, por nuestras experiencias, de comprar comida, pese a las dificultades de movilizarnos. Ya, por ejemplo, me acaban de llamar que donde vivo tienen puesta una barricada”, cuenta.

Incluso, en medio de los disturbios, su esposo, Darwin Pérez, grababa esa situación y un hombre lo golpeó, pero García insiste en que la furia del momento son las que crean esas situaciones, además, considera que con su situación de extranjeros no deben salir y así evitarse escenarios en los que puedan verse afectados como le sucedió a su esposo.

A su vez, Pérez señala que para él y su familia ha sido un déjà vu: “Hace 5 días fui a ver una película en el cine. Había protestas pacíficas, pero jamás nos imaginamos esta explosión, este huracán que se avecinaba. Hoy fui al supermercado con mi esposa, duramos cinco horas y se acabó todo. Los (supermercados) que tengo cerca de donde vivo están saqueados, las estaciones del metro están destrozadas. Es impresionante el grado de destrucción”.

Además, coincide con su pareja en que el descontento social ha sido determinante en los hechos que han ocurrido durante los últimos días. Un aspecto que despunta es que para los venezolanos, quizá, muchos aspectos de Chile estaban bien, pero el ciudadano local tenía años siendo ignorado por sus gobiernos, tanto de derecha como de izquierda, y hoy ha salido a flote esa realidad.

En sus trabajos, explican, han sido “considerados”, puesto que están conscientes de las condiciones del transporte en el país y, por ahora, no están laborando.

Servicios públicos en jaque

A Yonny Pérez Suárez, migrante venezolano, le causó sorpresa cuando ocurrió el estallido social en Chile. Trabaja en el Banco de Chile y, tras pasar dos horas en la evacuación del personal, avisaron que una muchedumbre quemó 4 sucursales de la institución financiera.

Pese a tardar cerca de 25 minutos en llegar a su casa por metro o micro, esa vez lo hizo en 3 horas. Algo que resalta es la manera en la que le afecta la quema del metro a su esposa, que trabaja muy lejos de su hogar, y hoy se encuentra expectante de lo que pueda suceder en Chile en todos los aspectos.

“En mi caso es una institución super prestigiosa en la que lo primero es salvaguardar la integridad de todos sus trabajadores. Hoy, por medidas de seguridad, la institución no abrirá ninguna de sus sedes. Con respecto al transporte, el gerente general autorizó a trasladarnos en radiotaxis o Uber para poder llegar. Pero, hasta este momento, no nos han informado si trabajamos mañana”, precisa

El venezolano Andrés Hernández explica que aún no siente temor por su trabajo, puesto que ─según la ley chilena─ si se aplica estado de emergencia, el trabajador puede o no llegar a su sitio de empleo sin recibir alguna sanción, ya que se salvaguarda su integridad.

En este sentido, en su trabajo usan un grupo de WhastApp y por allí le avisaron que hoy no se trabajaría por seguridad de cada uno de los trabajadores.

No obstante, comparte que en este momento tiene, junto con su novia, solo un kilo de arroz y ayer pudieron comprar carne y un kilo de harina. “Con eso vamos a resolver hasta que se calme todo; ahora mismo tenemos el servicio eléctrico inestable y ha sido otro problema inesperado”, sentencia.

Secuelas del desastre

Para la venezolana Estefanía Díaz, quien trabaja en el área de publicidad de El Mercurio de Valparaíso, el incendio de la sede del diario más antiguo de hablahispana y ganador de un Récord Guinnes ha sido doloroso.

“Estoy viviendo un momento similar al de Venezuela: hay cacerolazos, el tema de la escasez…, entramos poco a poco a los supermercados”, indica.

Díaz asegura que, pese al estado en la que quedó la sede del periódico, siguen trabajando desde su hogar y nadie ha parado. “Quemaron todo, mi puesto de trabajo, mi escritorio, mis cosas, no tengo absolutamente nada en el trabajo. Se metieron con mi sustento. Lloré lo que tenía que llorar, pero ─como buena venezolana─ bajé a limpiar las cenizas y sigo trabajando porque eso es lo que hay que hacer”, sostiene.

Primera edición del periódico El Mercurio (Chile) Foto: Cortesía

Así quedó la primera edición del diario El Mercurio luego del ataque a la sede Foto: Cortesía

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Héctor Daniel Brito

Héctor Daniel Brito

Reportero de Papagayo News

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