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Diáspora

Venezolanos en Chile trabajan entre jornadas especiales y transportes improvisados

Cortesía
Héctor Daniel Brito

Tras días con decretos de “toques de queda”, la coyuntura laboral empieza a “normalizarse” sigilosamente. Tal es el caso del venezolano Andrés Hernández, quien trabaja en un call center y, desde ayer, cumple con una jornada de 9:00 de la mañana hasta las 3:00 de la tarde.

Su pareja, en cambio, trabaja en una tienda en el centro de Santiago y sus jornadas son aún más cortas (de 11:00 a 3:00 de la tarde). “Estamos trabajando en la medida que podemos y, sobre todo, tratando de hacerlo con cuidado“, señala Hernández.

Asimismo, precisa que ha logrado comprar alimentos y otros productos haciendo colas para entrar a los supermercados, ya que la pareja afirma que las cadenas intentan evitar cualquier tipo de caos dentro de sus instalaciones.

No obstante, ya dentro, pueden comprarse diferentes productos y en las cantidades que se desee. “Por ahora, estamos más tranquilos, aunque en el trabajo aún no hemos laborado como es, y siempre andamos pendientes en WhatsApp para saber si al otro día podremos laborar y en cuáles condiciones“, subraya.

A su vez, la venezolana Estefanía Díaz, quien trabaja para el diario El Mercurio de Valparaíso, indica que ella y sus compañeros están laborando remoto, pero no puede precisar el lugar “por temas de seguridad”.

El pasado 20 de octubre, manifestantes en Valparaíso incendiaron la sede del diario fundado en 1827 y con una existencia ininterrumpida de 192 años.

Ante esto, califica la situación como una “tensa calma” y, en parte, es porque el toque de queda comienza más tarde (anteayer comenzó a las 6:00 p. m. y ayer fue a las 10 p. m.).

“He comprado alimentos, pero haciendo filas de 30 o 40 minutos. No hay desabastecimiento, somos compradores ansiosos por lo que sucede”, reflexiona Díaz, quien además aclara que “por lo menos los supermercados cercanos a su residencia están abastecidos”.

En el caso de José Vegas, un venezolano que trabaja en un mall de Santiago. Labora a “media máquina” y solo en turno diurno, dado que el establecimiento solo está abriendo desde este martes de 10:00 de la mañana a 4:00 de la tarde. Además, indica que la afluencia de la gente ha sido muy baja en comparación con “días normales”.

“Comida sí he comprado y hoy, incluso, entré a un supermercado a comprar unas cosas del trabajo. Había fila en la entrada, pero no tardé más de 10 minutos en pasar y comprar“, expresa Vegas, quien también asegura que sabe de otros supermercados que dan un límite de compra.

En este sentido, sostiene que todo debe hacerse antes de las 6:00 de la tarde, porque hasta esa hora hay transporte, que regularmente trabaja las 24 horas o mínimo 12.

Édgar Antúnez coincide con su paisano en cuanto al transporte, puesto que su trabajo le queda a una hora de su residencia, si se va en metro.

Como el ferrocarril está funcionando a medias, Antúnez siente que se “venezolaniza” su medio de transporte, ya que recuerda cómo tenía que irse a su trabajo en Maracaibo, estado Zulia: en vehículos tipo camiones que ayudaban a paliar el déficit de este sector.

Por lo tanto, como su trabajo no permite que llegue más tarde o salga más temprano, es un desafío lo que tiene que pasar ahora para poder cumplir con sus jornadas: debe madrugar, en un principio, y luego intentar tener suerte con el poco transporte que logre alcanzar después de las 5:00 de la tarde.

La jornada de este 25 de octubre incluyó una multitudinaria concentración de manifestantes en Santiago. Pero, ante este y otros hechos, los venezolanos vuelven a acuñar el “amanecerá y veremos”.

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Sobre el autor

Héctor Daniel Brito

Héctor Daniel Brito

Reportero de Papagayo News

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