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Diáspora

“Trochero”, el término que condena a la migración venezolana

Foto: Ricardo Cabezas
Héctor Daniel Brito

Ante la creciente —y advertida por la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales de Venezuela— “fase exponencial” de contagios de Covid-19 en el país, los migrantes que han retornado desde distintas naciones (debido al impacto económico de la referida pandemia) han enfrentado desafíos como largas caminatas por el cierre de fronteras, confinamiento, falta de apoyo, hacinamiento y, recientemente, la discriminación en su propio suelo.

La condena implícita y explícita hacia su retorno ha sido objeto de pronunciamientos por parte de organizaciones a favor de los derechos humanos y estudiosos del lenguaje.

Desde el principio, los “casos importados” han marcado una diferencia cuando se registra el comportamiento de los número positivos para coronavirus en el país, que va más allá de una categorización diferenciadora entre estos y “los comunitarios”.

Hace unas semanas, por esto mismo, la opinión pública condenó que la cadena Antena 3 de España separara los contagios en migrantes de los contagios en “personas”.

En el caso de Venezuela, el vocabulario vociferado desde el poder ha impuesto el término “trocheros”, entendido inicialmente —informalmente— como aquellas personas que se lucran a través de su guía, y ofreciendo “protección” hacia los migrantes, para ingresarlos en los caminos ilegales de las fronteras (trochas) para generalizar a todos los migrantes que deben recurrir a tramos ilegales para poder volver a casa.

No obstante, con el contexto actual y con una nueva intención comunicativa por parte del régimen venezolano, se ha creado un debate sobre cómo debe abordarse (o evitarse) esa palabra.

¿Importados?

Según cifras oficiales, de los 9.178 casos que se registraron el 11 de julio en Venezuela, 3.287 provenían de Colombia. “La mitad de los casos de Venezuela son extranjeros”, indicó Maduro.

El tono del discurso, criticado desde el primer momento por los defensores de los DD. HH., fue incrementando hasta el punto en el que el régimen de Nicolás Maduro ordenó perseguir y capturar a todos los “trocheros” y a quienes entraran al territorio usando pasos fronterizos irregulares.

En una declaración del miércoles 15 de julio, como se rescata en Efecto Cocuyo, Maduro responsabilizó a un “trochero” de “matar” a su madre por entrar al país contagiado, aunque días después se retractara de esto.

Un trochero o una trochera infectado es un bioterrorista en tu sector que puede acabar con tu vida y la de tu familia”, publicó el Comando Estratégico de la Fuerza Armada Nacional (Ceofanb). El mensaje fue leído por Maduro en televisión nacional.

Derechos humanos en la mira

Ante esto, Ligia Bolívar, socióloga e investigadora del Centro de Derechos Humanos de la Universidad Católica Andrés Bello (Ucab), cuestionó: “Ya no es ni siquiera un tema de estigmatización, de etiquetamiento, ahora se trata de criminalización. Ya pasamos a una etapa superior de criminalización abierta”.

Para Bolívar, al referirse a los migrantes que retornan a Venezuela ante la crisis por la pandemia, no existe una diferencia entre el que trafica y la víctima de tráfico en el discurso gubernamental, y recuerda que en Colombia hay 24 mil venezolanos represados que quieren regresar al país, según el propio director de Migración Colombia, Juan Francisco Espinosa.

“La gente se desespera y busca cómo meterse. Migración Colombia calcula que se van a demorar seis meses en retornar esos 24 mil venezolanos”, señaló Espinosa hace días.

“El gobierno ha manoseado tanto la terminología de lo que son delitos de odio que es difícil entender que esto sí es un delito de odio, porque estás señalando a un sector de la población, estás instigando a que se rechace a un sector de la población”, manifestó Bolívar.

A su vez, la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) repudió la militarización de las fronteras venezolanas así como los “discursos estigmatizantes” en contra de los migrantes retornados.

A través de su cuenta oficial de Twitter, el organismo internacional expresó su repudio hacia las nuevas medidas que tienden, a su juicio, a promover la discriminación y agravar la vulnerabilidad de las personas desplazadas.  

Asimismo, expuso su preocupación por la información recibida sobre los lugares destinados para cumplir con la etapa de cuarentena obligatoria en Estados como Táchira. Señalan que, según las denuncias, dichos establecimientos presentan hacinamiento y no cuentan con agua potable constante ni alimentos suficientes y adecuados.

Por último, emitió un mensaje para el régimen de Nicolás Maduro:

“La CIDH recuerda a Venezuela sus obligaciones de protección integral de los DD. HH., e insta a aplicar las recomendaciones de Res. 01/20 y los Principios Interamericanos, incluyendo garantizar el retorno de personas por vías aéreas y terrestres”, puntualizó.

Pero, ¿quiénes son los trocheros?

Para aclarar el repudiado término, la profesora de Lengua de la Universidad del Zulia (LUZ), Sonia Piña, explicó lo siguiente a Papagayo News: “La palabra trochero no aparece registrada en el Diccionario de la Lengua Española de la RAE, aunque su uso no es extraño en el español de Venezuela. Quizá sea una hipótesis digna de probar el hecho de que su empleo se haya hecho más frecuente desde que nos convertimos en los nuevos migrantes mayoritarios de América. Designada casi en exclusividad a las personas que conocían las trochas, esa ‘vereda o camino angosto y excusado, o que sirve de atajo’, según la definición del citado diccionario; el trochero guiaba el tránsito por vías no formales, alternas, para pasar de un lado a otro en límites fronterizos”.

Sin embargo, refirió la docente de la Escuela de Comunicación Social de la universidad zuliana, en el contexto de la pandemia del Covid-19, “su recorrido interpretativo desde el lenguaje del poder se ha dirigido para designar a los migrantes venezolanos que pasan por esas vías inhóspitas, eludiendo los controles del Estado, cerrados o restringidos, para volver a su país de origen”.

Para contextualizar su uso oral, Piña compartió:

Trocha ha desplazado incluso en el imaginario colectivo a esos caminos verdes que popularizó Rubén Blades en su álbum Buscando América (1984). Mientras que esos caminos verdes eran esperanzadores, llenos de futuro y portadores de injusticias por redimir (Voy llegando a la frontera, pa´ salvarme en Venezuela), las trochas remiten a significados más humildes a los que se han añadido los de vergüenza y culpa, y han adquirido una connotación negativa de ilegalidad debido a que retan todas las restricciones oficiales para la movilidad que se han establecido en las fronteras venezolanas

“Trochero va configurándose así con unidades significativas con menor prestigio, pero qué duda cabe de que pertenece al mismo campo semántico del hiperónimo migrante y su familia: desplazado, refugiado, solicitante de asilo, víctima de trata, apátrida“, indicó la docente de LUZ.

Asimismo, añadió: “Todas estas categorías determinadas, por cierto, entre muchos otros documentos, por la Declaración de Nueva York para los Refugiados y los Migrantes (2016)”.

¿Quiénes son, por tanto, los trocheros y las trocheras? Las personas que transitan las trochas, pero también las personas que permiten ese paso, como era el significado inicial. Que no se nos olvide”, reflexionó.

El lenguaje como arma

La amplitud que ahora, impositivamente, abarca la palabra “trochero”, recoge en un mismo costal las mafias que operan en las fronteras y a los migrantes que, desesperadamente, buscan volver a su tierra y que ahora deben enfrentar confinamientos involuntarios, desasistidos, el señalamiento y la persecución del Estado y sus connacionales.

Entender la complejidad del tema necesita, inicialmente, evitar la estigmatización de cualquier colectivo, pues el lenguaje también es un arma.

Sobre el autor

Héctor Daniel Brito

Héctor Daniel Brito

Reportero de Papagayo News

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