Historias que caminan

Soy mujer, venezolana y doblemente migrante

Rangel testimonia su doble migración: de país y de una vieja identidad. Composición: Andrea Phillips
Héctor Daniel Brito

Una publicación en Linkedin, en la que expuse mi situación como desempleada, migrante venezolana y transgénero en Chile, me dio a conocer en muchas partes del mundo y también vinieron oportunidades laborales, pero repito: quiero que nos contraten sin la necesidad de preguntar qué género somos y cuál es nuestra condición. Sueño con eso.

Yo soy Valentinna Rangel, una venezolana residenciada en Chile. Debo advertir, de entrada, que soy una mujer más proveniente de mi país, aunque —para ser más específica— me diferencio de algo: soy doblemente migrante. ¿La razón? Soy parte de la diáspora venezolana y pertenezco a aquellas que nacieron con otro sexo y ahora reafirmamos nuestra esencia.

Desde que nací, el 24 de enero de 1993, siento que no duermo. Mi mente es inquieta y eso me mantiene siempre activa; pensando y creando.

Así se originó la doble “n” en mi nombre. Esta particularidad no se debe precisamente al gusto de la gente que vive en mi ciudad —Maracaibo, estado Zulia—sino a que decidí añadirla en honor a mi madre, quien murió cuando yo era pequeña.

Yo no quiero victimizarme con nada; esta es solo mi historia.

Hay una anécdota de mi infancia que no recuerdo bien, pero a mi familia jamás se le olvida: mi tía, con la que viví por muchísimo tiempo desde mi orfandad, me contó que a los cinco años le dije a mi mamá que quería ser niña y eso, por lógica, la dejó muy pensativa.

Luego de esa confesión, mi madre se dedicó a llevarme a psicólogos y psiquiatras para saber qué sucedía conmigo. Cómo no decirlo: ¡ella fue muy valiente! Es más, me cuenta mi tía que una vez llegó y les dijo a todos: “’Will’, mi nombre pasado, va a ser diferente. Va a ser diferente y ya”.

Con los regulares cambios de domicilio, y algunas pérdidas, fui creciendo siendo “Will” y, a diferencia de muchos, tuve la suerte de contar con mis amigas y amigos heteros que cuidaban a “aquel muchacho afeminado” durante mi escolaridad.

Tuve novios y mi familia los conoció y siempre respetó mis decisiones, pero yo siempre supe que me faltaba algo. Yo no quería ser ese “chamo gay”; quería convertirme en quien soy: una mujer. En Valentinna.

Allí recuerdo otro momento con mi tía, pero esta vez sí me acuerdo y muy bien: después de contarle que me gustaban los chicos, su respuesta fue tan directa que me quedé asombrada frente a ella, estaba desnuda ante esta frase: “¿tú no quieres ser mujer?”.

Ese, en realidad, fue el inicio del primer relato en el que expresé por primera vez mi deseo de ser niña.

En cierta forma, sentí su abrazo que me alivió mucho, porque siempre he pensado que, entre decir que uno es homosexual y expresar querer cambiar de género, es más fácil declararse gay.

***

Cuando culminé mis estudios de Publicidad en la Universidad Rafael Belloso Chacín (Urbe), me fui a Estados Unidos, pero en esos momentos los problemas diplomáticos entre Caracas y Washington me obligaron a regresarme. Fue cuando perdí una vez más a otro ser querido: mi hermano, víctima de la violencia del país.

Debí continuar: tomé la decisión de venirme a Chile hace tres años, cuando la diáspora venezolana no se había acentuado como ahora.

Siempre quise irme de Venezuela para poder hacer mi vida como mujer. Aclaro: no es difícil solamente allá; aún me acompaña a todas partes el miedo a no conseguir empleo.

Ser venezolana me ha ayudado a ser fuerte, debo decirlo en voz alta. Estando por primer a vez en Chile, hacer la transición hacia mi verdadero género fue difícil, pero —por supuesto— necesario para mí.

Recuerdo que al principio solo usaba ropa femenina dentro de mi residencia. Hasta que un día no pude más y dije: “debo hacerlo también afuera”. Y como todo lo que fluye solo, poco a poco fui adquiriendo más confianza y me muestro tal como soy: feliz.

Chile, a su vez, está más adelantado que Venezuela en cuestiones de cambios de nombre, por ejemplo. Aunque lo que más me sorprende es la atención que hay con las personas transgénero, pues existe un sistema de salud que tiene programas y asistencia calificada, aunque lamentablemente salir a la calle implica más cosas.

Te preparan para salir a una sociedad que no pensaba en nosotros.

No obstante, la salida es necesaria. Tuve miedos y todavía los afronto cada día. Con ayuda de mis conocimientos en marketing digital y mi talento para escribir decidí utilizar mis redes sociales, como buena millenial, a favor de que escucharan mi historia, aunque siempre he pedido que me tomen como la profesional y no como “la chica transgénero”. En eso me centro también: en romper los estereotipos de la sociedad e, incluso, dentro de la misma comunidad sexodiversa.

Romper con cadenas internas permitirá que afuera haya un punto de quiebre de muchas ideas absurdas y cerradas, porque ser trans no significa estar enfermo o estar mal, ni siquiera es “vivir en el cuerpo equivocado”; solo estamos infiltrados en el mundo del sexo opuesto.

***

Yo escribo y, por eso, primero leo. Lo bueno de mi ansiedad, si tiene algo bueno, es que me ha hecho una lectora ávida: primero comencé con los típicos libros de Coelho, luego crecí (mis gustos mejoraron, no me juzguen) y fui descubriendo textos maravillosos de psicología; me embelesé con Leonardo Padrón, me interesaron después los relatos de la jueza Afiuni, de Franklin Brito… el plan también es distraer una mente que no me deja dormir.

Ahora mismo, escribo un libro y comparto mis experiencias en las redes con más entrega, además, curso un posgrado y poco a poco veo cómo mi cuerpo va cambiando a medida de que las hormonas van haciendo su efecto. Pronto espero compartir mi reasignación de sexo.

Vivo como una venezolana más, que se las arregla todos los días para superarse, consciente en todo momento de mis hermanos que sufren dentro y por fuera del país con sus contextos y a sus maneras. No es fácil ser venezolanos. Somos muy fuertes. Yo lo soy, porque soy una más.

Sobre el autor

Héctor Daniel Brito

Héctor Daniel Brito

Reportero de Papagayo News

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