Historias que caminan

Patriota, porque deserté de la dictadura

Héctor Daniel Brito

Un reportaje del canal colombiano NTN24 escandalizó a Mapararí, un pueblito de la sierra de Falcón, cuando notaron que Iralí Colina, una de sus habitantes,fue vista en una transmisión televisiva suplicándole a sus compañeros militares que no siguieran las órdenes de Nicolás Maduro.

Hoy no solo su pueblito la mira como un ápice clave de lo que sucede en Venezuela, sino que el mundo observa de cerca la crisis política, social y económica que azota al país sudamericano.

Este es un relato narrado en primera persona, que se basa en una entrevista realizada tres días antes del intento de ingreso de la ayuda humanitaria desde Colombia hasta Venezuela.

***

Muchos de ustedes tendrán una opinión sobre nosotros y, la verdad, no los culpo. Yo hui de esas filas que no representaban quien soy ni mucho menos lo que de verdad es el país.

Yo nací en Churuguara, estado Falcón. Fui criada en San Pedro, un caserío de la parroquia Mapararí, de ese mismo estado; allí crecí y estudié junto con mi familia en un lugar donde por fortuna era feliz.

Un día salí de bachillerato y supe inmediatamente que podía ser quien quisiera y, aunque fuese difícil, tampoco sonaba imposible.

Yo hui de esas filas que no representaban quien soy”

Esta vez, como algo inaudito, esa oportunidad tocó mi puerta cuando dos oficiales se me acercaron para ofrecerme ser parte de las fuerzas armadas venezolanas.

Allí comenzó mi travesía.

A mí me faltaban tres meses para cumplir mi mayoría de edad y, ni corta ni perezosa, les di mi cédula (al igual que ocho de mis amigos). Aunque, finalmente, solo fuimos al ejército un primo y yo. Los demás huyeron.

Ese era mi sueño y, pese al desacuerdo de mi abuelita de tomar la decisión de irme, ella jamás frustró mi deseo de estar en esos desfiles… en todo lo que implica la vida militar.

El tiempo pasó, me fui a Carora, estado Lara, y en el 2010 me gradué de sargento, ascendí a sargento primero en el 2013, fui a la academia de oficial de tropa, estudié ahí un año, me gradué como teniente de tropa. Ahorita, en el 2018, ascendí a primer teniente y la lucha, mi lucha personal, se hace mayor: no podemos ver a nuestra familia, no estar en los momentos fáciles ni difíciles…

Y sí, tiene altas y bajas, pero si sabes manejar esa vida, termina siendo bonita. La verdad que sí, muy bonita.

Mi último traslado fue en San Juan de los Morros, estado Guárico, donde salí embarazada de mi niña. Luego,me trasladaron a Valencia cuando cumplió seis meses. Allí trabajé en Inteligencia Militar; soy especialista en el manejo de armas rusas e, incluso, estudié en Rusia. Sin embargo, no quise permanecer, pertenecer, a ese sueño que ya no era mi sueño.

Ahí tomé la decisión.

A mí no me dieron la baja, yo deserté por un problema: por defender a mi país. No quise pertenecer a las Fuerzas Armadas porque en dictadura es arrecho.

La gente quizá no lo sabe, pero el 95 por ciento está en contra de Maduro, lo que pasa es que nadie tiene la fuerza que varios tenemos para luchar por eso. Tienen miedo, miedo de salir del cascarón y declarar en contra del Gobierno.

Por ejemplo, a veces cuando llegaba comida a las tropas, los comandantes eran quienes se quedaban con ella y ellos son quienes están bien, aunque uno sea quien haga el trabajo más duro. Aunque no solo se trata de eso, yo no nunca estuve de acuerdo con la manera como ellos estaban tomando la política: nosotros los militares no tenemos por qué votar, tenemos que ser neutrales, no tenemos que estar ni con uno ni con otro, nosotros tenemos que estar con la gente. Este gobierno es un cáncer que se come todo.

A mí no me dieron la baja, yo deserté por un problema: por defender a mi país”

Ahí los que están cómodos son los superiores, los generales, los mayores, los coroneles… porque ellos son los que tienen los beneficios.

El oficial de tropa, el oficial subalterno, el tropa profesional, el tropa alistada están en total desacuerdo con el Gobierno, pero no tienen los ovarios y las bolas bien puestas, como se dice, para declarar en contra del régimen.

Mi decepción con las FANB era que cuando uno trabajaba, veía tanta corrupción mientras Venezuela se estaba cayendo a pedacitos. Así pues, tomé la decisión de irme para otro país y buscar la manera de luchar por Venezuela, y así lo estoy haciendo yo en Colombia.

Si me preguntan si fue fácil, no lo fue. En parte, lo hice por mi hija, quisiera que ella disfrutara lo que yo viví: una sierra y unos amigos entrañables. La verdad, dejé mis sueños, mi trabajo de nueve años y una vida completa. Di un cambio de 180 grados.

Aquí llegué pidiendo asilo político, me dieron salvoconducto y estoy en trámite, pero no es fácil.

Mis compañeros no pueden seguir siendo el obstáculo y, por eso, ya todo el mundo nos perdió el respeto. Y eso es lo más doloroso que existe para nosotros. Yo sigo aquí y si debo luchar por Venezuela en algún momento, lo haré así sea en contra de mis compañeros, porque cuando el clarín de la patria llama hasta el llanto de la madre calla.

Yo sueño en mi Venezuela, en que puede ser de nuevo la misma. Venezuela es bellísima y sí: las Fuerzas Armadas van a hacer las mismas, falta poquito, muy poquito para que esto caiga.

Mis compañeros y yo nos encargaremos de eso desde donde estemos.

Composición y video: Andrea Phillips – NTN24

Sobre el autor

Héctor Daniel Brito

Héctor Daniel Brito

Reportero de Papagayo News

Deja un comentario