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Opinión | El desafío argentino que perdimos los venezolanos en el 94′

Foto: agencias
Pedro D. Túa
Escrito por Pedro D. Túa

Ser un negociador audaz es una característica clave de todo político exitoso.

Pero no está concebida esta como la aptitud artera de quien busca, por las ramas, la consecución individual de sus objetivos; sino como aquella virtud por la cual una persona está dispuesta a aceptar disímiles puntos de vista y entender que el enriquecimiento de ideas también puede conducir al éxito.

En política, es muy valioso que un líder sea capaz de llevar a cabo una negociación con el fin de lograr acuerdos que beneficien a todos; quizás deba adoptar medidas impopulares o aquellas que lo alejen un poco de su agenda principal, pero que son necesarias para lograr consensos.

El pasado viernes 16 de agosto, el presidente de Argentina, Mauricio Macri, ha dado un ejemplo al respecto.

En primer término, ha pedido disculpas al país por un duro mensaje enviado el día lunes 12, en donde presentaba un balance de las elecciones primarias del domingo 11 de Agosto, en donde salió perjudicado con el voto popular.

Expresó que como ser humano puede equivocarse y verse afectado por circunstancias de la vida.

Como líder del país, asumió su responsabilidad en la crisis económica y tendió puente para diálogos y conversaciones con la oposición.

Pero, más allá de eso, anunció medidas que buscan dar respuestas a las demandas sociales de los argentinos, representadas en el voto opositor que se cuantificó en las primarias del domingo antepasado.

El presidente entendió que no ha ido bien la economía y que por eso la gente está evaluando volver a un modelo del pasado; sabe que debe evitarlo a toda costa y, en razón de ello, procede a revisar y negociar con el país su permanencia a cambio de alivios sociales ante el duro trance del cambio.

El populismo es una enfermedad que va corrompiendo a la sociedad hasta los tuétanos, y el remedio a veces resulta ser tan duro que no siempre es soportado por el paciente.

El mejor ejemplo lo vivímos los venezolanos entre 1989 y 1994, cuando en su segundo gobierno, Carlos Andrés Pérez planteó «El gran viraje» que prometía modernizar la economía venezolana, dejando atrás un siglo de economía rentista y paternalista.

El país no entendió en ese momento el drástico cambio de paradigmas que se planteó y el presidente fue defenestrado no sólo por el pueblo, sino que también por los empresarios, los medios de comunicación y, en especial, por la clase política.

Hoy por hoy, Venezuela ha profundizado sus problemas económicos de entonces y es un desafío el que se nos presenta para el futuro y el cambio del país.

Es en cierto modo el mismo desafío que enfrentan hoy los argentinos y su gobierno .

Sobre el autor

Pedro D. Túa

Pedro D. Túa

ADS - Abogado
Columnista Freelance
Premio "Pulso y Alma de la Crónica en Venezuela" 2011 (Fundación Bigott)
perdrodomingotua@gmail.com

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