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Cultura

Natalia Sánchez, la venezolana que crea voces y venganzas desde las ficciones

Héctor Daniel Brito

Hay millones de formas de comenzar un texto; de hilarlo con ideas, enlazar sus párrafos y, más adelante, hacerlos que suenen más a una vocal o que se reduzcan a sílabas bien contadas, como emulando un poema de Antonio Machado.

Sin embargo, hablar de un escritor sin dejar por fuera algo importante de él es tal vez más complejo. Todo parte de lo profundo de la persona que escribe y crea. Natalia Sánchez ─escritora, socióloga y docente oriunda de Maracaibo─ es muestra de ello. Hoy presenta su novela «Muerte en azul», disponible en Amazon, pero sus letras no se limitan a ningún color.

Comienzos y realidades

La investigación y la docencia la mantuvieron ocupada durante 17 años en la Universidad del Zulia (LUZ), además de cursar una maestría en España; dictar la Cátedra de “Sociología de la cultura” y participar en proyectos de estudio de la pobreza en el Zulia y en Venezuela, junto con quien es ahora su esposo, su colega Luis Pedro España.

«Disfruté mucho ese tiempo en la universidad; la práctica docente es sobre todo una práctica de libertad. Esta es una palabra cada vez más deprimida en la Venezuela de hoy. Ahora miro con tristeza la vida que llevan los docentes universitarios y los docentes en general en mi país», comparte la escritora a Papagayo News.

Asimismo, añade que pocas sociedades en el mundo han pasado por esa situación, puesto que, para que otros entiendan, tendrían que imaginarse lo que significa que de pronto se queden sin la seguridad de que se puede vivir de su trabajo; «es como si te quitaran los brazos, el habla, el pensamiento y te arrojaran a vivir en una nueva condición injusta, que tú no buscaste ni mereces. Como si te secuestraran de tu casa, donde tienes tu historia y tus afectos y te llevaran a vivir un naufragio«, sentencia.

Soy de las que piensan, aunque reconozco que algunas veces me asombro a mí misma por seguir pensando así, que este horrendo ciclo de destrucción social está llegando a un final«

Otro inicio desde la ficción

«Comencé a escribir ficción de pronto, y sin ninguna preparación. Solo fue una necesidad. Más bien, un entusiasmo distinto que no había experimentado antes pero que reconozco que estaba latente», reflexiona Natalia.

Sobre sus últimas palabras, hay una sapiencia que se expande cuanto más conversa: «Hay latencias que uno tiene desde pequeño y por una u otra razón no le presta la debida atención. Uno sabe, en un fondo muy profundo, cuáles son las cosas que le apasionan pero no las prueba de una vez, sino que parece que es preciso hacer primero otras. Y cuando estas pierden el sentido, entonces las primeras brillan más. Yo creo que uno siempre vuelve a las cosas que descubrió de pequeño.»

Cuando niña, el primer libro que tomó de la estantería de casa se llamó «Muerte en las nubes», de Agatha Christie. Luego los leyó todos. Esperaba a su mamá llegar del trabajo y le rogaba que fuera a la Book Shop —de aquella Maracaibo ilustrada— y que le comprara alguno nuevo. Después entraron otros autores: Patricia Highsmith, Alan Poe, Simenon.

Me gustan los autores que crean una atmósfera y que te obligan a entrar en ella, que te sacan de donde estás y te transportan. Después empiezas a recordar a los personajes como si fuesen gente que conociste, como si pudieran decirte cosas«

El destino logró que poco a poco empezara a redescubrir ese fuego interior. Su gusto por los cuentos de intrigas, asesinatos y las historias en las que había que deducir cosas la hacían pensar en que era “buena en eso”. «Ahora disfruto mucho escribiendo historias como esas. No es algo accesorio. Creo que escribir me salva«, señala.

Escribe en las mañanas, cuando las ideas se le amontonan y se le ocurren cosas. Luego en la tarde, mejora lo escrito y se dedica más a la forma. «Me gusta escribir algunas veces escuchando música. Y cuando termino una novela, ella irremediablemente está pegada a una canción especial«, indica.

Las Momias de Hauschild” (mi primera novela) en mi cabeza está asociada al tema Tu chiami una vita, con letra de Salvatore Quasimodo, que escuché cuando vi la película Washington Square basada en la novela de Henry James. Imagino que mi protagonista escucha y encarna esa canción. Esa es una novela lírica. “Muerte en azul”, en cambio, la asocio con una canción llamada Cold Cold Heart en la versión de Louis Armstrong como blues, de 1955, que es la época narrada en la novela»

Reitera que la música la inspira cuando escribe, también el mar que puede ver desde su ventana, puesto que ahora vive en la isla de Margarita. También lo hace una buena conversación con su esposo y, además, la gravedad de lo que pasa en Venezuela, puesto que, en sus palabras, «en la ficción uno puede hacer que gane la gente que vale la pena y uno puede vengarse de las tiranías«.

No para de escribir y cinco novelas lo comprueban. También es escritora fantasma. «Puedo decirte que de esto último vivo, en parte», admite, y califica como «una gran pena y un gran disparate» pensar que en esa nueva faceta de su vida, como «novata», gana diez veces más que si se mantuviera haciendo lo que siempre hizo.

«La vida algunas veces nos lleva por caminos extraños. Pero lo que sí es verdad es que nunca he dejado que la rutina me coma, porque me espanta no hacer algo que me guste. Es casi la única lección clara que he querido dejarle a mi hija, mi única convicción no negociable. Por eso me aterran las dictaduras, porque la gente muere de pena como esclavos de la materialidad de la sobrevivencia y se hacen cada vez más pobres porque se pierde la capacidad de imaginar algo diferente«, sentencia.

Conocimientos que aportan

Desde su campo de estudio, considera que la sociología y su experiencia como profesora le aportan ideas sobre las causas que tienen los personajes para hacer las cosas. Asegura que pasó años estudiando personas, sus convicciones y sus prenociones.

«Lo que pasa es que cuando escribes ficción puedes soltarte, extender o acotar las explicaciones, crear personajes tal como se te ocurren, pero esos personajes son producto de gente que has conocido, de explicaciones que te han dado antes. Haber pasado años codificando las explicaciones de las personas sobre las cosas, sobre la política, sobre la moral, sobre el futuro y las expectativas creo que me ha permitido construir un banco de herramientas para crear mis personajes. Intentar comprender Venezuela es un buen taller literario para cualquiera, hasta para una aprendiz de escritora como yo», argumenta.

Las momias de Hauschild la publicó la Editorial Dahbar, y en Venezuela se consigue en las librerías que aún quedan y en la red en la página de la Editorial Dahbar. “Muerte en Azul” está en Amazon, y ahora participo en un concurso de Amazon con la tercera novela que he publicado que se llama “La belleza de las luciérnagas”, ambientada en la isla de Cubagua, en el año 1930. También es un thriller en donde la asesina al final se explica con los mismos elementos que tuvo el último dictador que sedujo a mi país»

La labor del escritor

Admite que no conoce mucho sobre los movimientos literarios en Venezuela porque es nueva en esa área, sin embargo, cree que los escritores venezolanos están llenando un vacío y «desarrollando un papel social fundamental en este momento».

Los considera como «un recordatorio sobre el espíritu democrático». «Están haciendo cosas, se juntan, hablan, discuten, denuncian y promueven ideas. Esa es la parte más maravillosa de la democracia que aún nos queda: la palabra todavía la llevamos con nosotros y es difícil que nos la quiten«, aplaude.

De esta manera, cree que nadie pueda ser escritor en Venezuela y no escribir sobre lo que está «matando al país», y reafirma: «Porque se trata de la vida frente a la muerte. Y no hay términos medios entre esos dos reinos».

Aunque escribas sobre crímenes, aunque escribas cuentos infantiles siempre tomas partido, de una u otra manera estás describiendo seres que tienen una intención, un pensamiento y una acción que apunta a la libertad o apunta a lo contrario. Es una creación dicotómica simple que se trata en la literatura, porque no hay manera de no hacerlo«

Muerte en azul

Para ella, su novela Muerte en azul le ha dado «una oportunidad de oro». Y narra a continuación: «La escribí en Caracas, en tres meses. Trata de una pareja que se enfrenta a una situación extraordinaria que incluye unos planes asesinos de un paciente psiquiátrico. Está ambientada entre Choroní y Caracas en 1955, en plena dictadura. Hay un edificio hermoso frente a la plaza Altamira que todavía está allí. Imaginé que allí vivían mis personajes».

Y continúa: «Un editor español leyó mi novela porque estaba buscando escritores fantasmas para desarrollar historias. La envié sin mucha esperanza de quedar. Pero le gustó y me hizo una oferta. Yo creo que una de las neurosis más comunes en estos tiempos es querer hacer algo tan bueno, que perdemos el placer que deberíamos sentir mientras lo hacemos«.

No estoy de acuerdo con esa filosofía del sobre merecimiento que ha embargado buena parte de la sociedad contemporánea. Yo le diría a quienes te aconsejan que te visualices como ganador que es mejor disfrutar la competencia y no pensar tanto en el éxito.  Porque al final nadie puede quitarnos lo bailado«

No hay vuelta atrás

«Voy a seguir escribiendo. Y en mis novelas, quienes han padecido la destrucción social venezolana, van a encontrar voces y venganzas. Seguiré desarrollando mis dos facetas: la de escritora y la de escritora fantasma de tramas. Sueño con adelantar un proyecto de captación de talentos» proyecta.

La verdad es que creo que cuando uno no espera tener suerte, puede resultar portador de una maravillosa fortuna. He conocido personas muy infelices que desde siempre creyeron que lo merecían todo y también al contrario».

Sobre este proyecto, expresa que la big data es genial para el mercadeo y sería «maravilloso» poder contar con ella para identificar escritores estupendos que todavía no escriben o que apenas comienzan a hacerlo; «sería como abordar una cápsula al futuro y hacerlo mejor», plasma.

«Yo perdí mucho tiempo sin escribir y me hubiese encantado que alguien hubiese identificado en mí esa vocación de pequeña. Creo que es posible invertir en los hacedores de ficción, porque ese es el futuro. Estoy segura de que cada vez nos hacemos más ‘seres culturales’ y ese es un arma de doble filo que nos puede conducir o a la guerra o la vida«, concluye.

Foto: cortesía

Sobre el autor

Héctor Daniel Brito

Héctor Daniel Brito

Reportero de Papagayo News

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