Diáspora

Los odontólogos venezolanos también hacen negocios en España

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Redacción Papagayo
Escrito por Redacción Papagayo

Tienen una cartera de 3.796 clientes en dos años. Este es el balance de la clínica Dental Dentius Illescas, un emprendimiento de una pareja de odontólogos venezolanos conformada por Jesús Gutiérrez y Jessica Farías.

Ambos llegaron a Madrid hace cerca de cuatro años. Y allá están. En la calle Illescas, en el barrio de Aluche. Allí, sus clientes han conseguido seguridad, profesionalismo, gentileza y confianza, esto último todo un detalle cuando se trata del cuidado de la dentadura.

Gutiérrez y Farías cuentan en la clínica con equipos de tecnología de punta. Entre otros, un escáner digital 3D para diagnóstico inicial, un TAC dental digital, rayos X panorámicos.

En la clínica trabajan ocho especialistas. Jesús atiende rehabilitación estética e implantes. También hay un cirujano, hay ortodoncistas, un perodoncista y todos con posgrados. Al estar dos odontólogos al frente del negocio “garantizamos el nivel de los profesionales, porque nosotros tenemos la preparación para evaluar los currículos”, señala Gutiérrez al diario ALnavío. A todo esto se suma la amplia y amable sonrisa de sus directores. Así es la clínica Dental Dentius Illescas.

Luego de un período de ambientación, estos emprendedores comenzaron a conocer el mercado europeo. Marido y mujer buscaron asesoría con especialistas en mercadeo y negocios. Porque el dinero de toda una vida hay que invertirlo bien.

“Teníamos clínica odontológica en Venezuela. Cuando decidimos migrar vendimos el negocio y ese pequeño capital lo trajimos para invertir”, comentan los profesionales.

Transcurrió una primera etapa en la que esperaban la homologación de los títulos universitarios. Entonces Jesús trabajó como director de clínicas y Jessie como auxiliar.

Porque no podíamos ejercer”, apunta Gutiérrez.

Después de cerca de año y medio en esas actividades, los Gutiérrez Farías aprendieron cómo se lleva una clínica en España, “cosa que no tiene nada que ver con el esquema en Venezuela”. Y fue después de esa experiencia que decidieron que era el momento de retomar el ejercicio profesional y el negocio.

Después de ocho meses de búsqueda de un local que llenara los requisitos, consiguieron uno que les pareció ideal, ni muy grande, ni muy pequeño, y en un sitio de fácil acceso, al Sur de Madrid.

Había clínicas desde 60.000 hasta 250.000 euros. Nosotros hicimos una inversión intermedia porque queríamos comprar equipos de última generación y aquí estamos”.

Pese a tener una fuerte competencia en el sector de la ciudad donde se ubicaron, donde hay un promedio de tres clínicas odontológicas en cada calle, estos jóvenes profesionales no se desanimaron y se han hecho reconocer por su calidad y buen trato.

Aquí los tratamientos pueden considerarse iguales, pero creo que el trato que ofrecemos nosotros los latinoamericanos es muy diferente al que dispensan los europeos. No digo que mejor o peor, sino distinto. Eso le gusta a la gente y eso hace que se sientan más cómodos. No solo hay que garantizar un buen tratamiento. También se trata de lograr que el paciente se sienta cómodo en el sillón”.

En España, la seguridad social no brinda todos los tratamientos incluidos en el espectro odontológico, y los seguros privados a veces obligan a tratarse en sus centros concertados. De igual manera siempre hay un copago para odontología, por ello los pacientes prefieren asistir a una clínica privada.

-Hay diferencias sustanciales en la formación de los odontólogos en España y en Venezuela?

Ambas formaciones son buenas, pero cada una tiene sus cosas particulares. Por ejemplo, en Venezuela vemos mucha más práctica y en España se enfocan más en la teoría.

A la clínica Dentius Dental Illescas asisten pacientes de diversos estratos sociales, pero de acuerdo con Jesús Gutiérrez, la clientela es, en su mayoría, gente de clase media.

Heredamos muchos pacientes cuando nos hicimos cargo de esta clínica, que formaba parte de un grupo de tres locales dirigidos por alguien que no era odontólogo. Esta era la primera de ellas y además de los pacientes que se mantuvieron fieles, también le hemos sumado una buena cantidad, sobre todo, gente joven, porque es ese público el que toma mucho en cuenta la parte de la estética y la tecnología”, explicaron los criollos.

Señala que entre los equipos poseen un escáner intraoral y un tomógrafo que es lo último que ha salido al mercado.

El paciente puede ver su boca en 3D en una pantalla, ya no hay que hacer que la persona tenga que morder una masa desagradable para evaluar su mordida o la adaptación de una prótesis, lo cual resultaba muy incómodo”.

¿Cuál es el porcentaje de venezolanos de la clientela que asiste a la clínica?

—Muchos, muchos venezolanos y latinoamericanos. Hacemos publicidad por Facebook y por Instagram, en ella tenemos video y aparezco hablando. Al escucharme, inmediatamente me identifican como venezolano y vienen buscando nuestra atención y la garantía de buena calidad de la odontología venezolana que se hizo muy conocida en toda Latinoamérica”.

Jesús Gutiérrez obtuvo su título en la Universidad Santa María de Caracas e hizo un posgrado en la Universidad de Buenos Aires, Argentina.

—Cursé un máster en Buenos Aires y actualmente estoy haciendo un máster de implantología en la Universidad Complutense de Madrid, porque me parece que obtener una titulación en el país donde estás trabajando, es un buen complemento.

Varios integrantes del equipo de odontólogos de Dentius Dental Illescas, los cuales en su mayoría provienen de Venezuela, son profesores en diversas universidades de España, lo cual es un valor agregado para la clínica.

—Dentius Dental Illescas formaba parte de una red de clínicas que montó un empresario, con una fórmula de franquicia, pero no tuvo el éxito que esperaba y los tres locales con los que arrancó tuvo que venderlos. Vimos la clínica, contratamos un equipo de asesores para que la estudiara, nos pareció rentable y la adquirimos.

Jesús Gutiérrez y Jessica Farías tienen dos años con el emprendimiento y les ha resultado positivo. Una parte importante de la inversión proviene de capital familiar y la inversión en equipos tecnológicos, valorada alrededor de los 100 mil euros fue financiada por un banco español. Calculan que el punto de equilibrio y la recuperación de la inversión estará produciéndose en los próximos tres años.

—El primer año fue duro, pero en este segundo año nos ha ido muy bien. Es un buen negocio, pero tiene sus picos. La temporada de diciembre y enero es la de menos clientela. En agosto por el verano puede variar, porque depende si hemos programado tratamientos largos.

Aún con el éxito obtenido, considera Gutiérrez que la expansión puede esperar. “Porque esto no es sólo un negocio, tienen que haber una calidad y una ética profesional impecables. Al tener dos clínicas, se te reduce la capacidad de atención y se te multiplican por dos las preocupaciones. Tienes que dividirte y entonces, no le prestas la atención adecuada a los pacientes”.

Texto: ALnavío.

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