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Trámites

La ruta de empleo que Colombia les ofrece a los venezolanos

El Estado colombiano sigue sin saber qué ofrecerles a los migrantes venezolanos para su legalidad. Foto: Gustavo Bauer
Pedro D. Túa
Escrito por Pedro D. Túa

Especial para Papagayo News

Medellín, Colombia. La diáspora venezolana produce estragos entre sus vecinos, especialmente en el país neogranadino. La ruta de empleo de quienes migran a esta nación se complica cada día con la llegada de más venezolanos, lo que se traduce en más competencia dentro un mercado laboral estancado.

Los miles de caminantes que cruzan las fronteras de Venezuela —especialmente quienes se dirigen a Colombia— no tienen muchas opciones de ocupación, ni claros los procedimientos que deben cumplir ante las autoridades y los empleadores.

Con un corto paseo por las calles de Medellín, la segunda ciudad del país, se puede evidenciar cómo ha aumentado la presencia de venezolanos, quienes se dedican a cualquier actividad informal para poder acceder a los recursos para sostener una estadía precaria a la que hay que sumarle la carga emocional de haber dejado una vida llena de carencias y dificultades, con la agravante de la separación de sus afectos; en su mayoría, han dejado hijos, parejas, y padres que sostener desde la distancia.

En los alrededores de la estación de metro de Itagüí, municipio del área metropolitana al sur de Medellín, se observan jóvenes venezolanas, quienes se dedican a vender confitería, muchas de ellas con sus niños en brazos, a la intemperie. Una de ellas es Sofía Laguna de 25 años, oriunda de Cabimas, estado Zulia. Llegó hace un año a Colombia junto con su pareja, su hija y su mamá. No cuenta con el permiso para trabajar, por lo cual se le ha hecho difícil acceder a un trabajo formal.

Me gano entre 20 y 25 mil pesos diarios vendiendo chupetas y eso ayuda a pagar el arriendo, no es mucho, pero nos alcanza para comer y es lo que escasea allá”, cuenta la muchacha.

Entre tanto, más hacia el centro, en la estación San Antonio, en medio del bullicio y la muchedumbre, se pueden identificar a simple vista a los ciudadanos venezolanos vendiendo arepas, tequeños, galletas, tintos, confitería y cualquier otra cantidad de productos de poco valor agregado; hablé con una vendedora informal colombiana en las inmediaciones del parque San Antonio: “Cada día hay más y más venezolanos que llegan a trabajar, pero no tenemos problemas con ellos, todos somos trabajadores informales, como hoy les ha tocado a ellos, mañana nos puede tocar a nosotros o a nuestros hijos” afirma Viviana Vélez, de 33 años, y hace referencia a que en la zona aún son receptivos con los venezolanos que llegan a ocupar y compartir los espacios públicos.

Más hacia el norte, entre el parque Berrío y el parque Botero, se encuentran muchos más compatriotas en sus labores, como Yurismar Echenique, de 36 años, proveniente de Puerto Cabello. Está en Colombia desde hace nueve meses y vive con dos hermanas, quienes también llegaron con la diáspora; es técnico superior universitario en Administración de Empresas, pero huyó sin pasaporte y sin ningún documento académico debidamente apostillado. Tampoco posee permiso de trabajo, se gana la vida vendiendo arepas y galletas.

Cuando llegué me iba mucho mejor, vendía galletas y además la gente se acercaba y por lástima me daban algunos pesos: cinco, 10 ó 20 mil; pero cada vez somos más y la gente como que se cansó ya de los venezolanos, y la competencia ha hecho que las ventas caigan. En un día bueno puedo hacer 30 mil pesos, pero hay días en que solo hago cinco mil”. Yurismar tiene un hijo que dejó con su mamá y a quien le envía dinero para que subsista en Venezuela.

Como esas, son cientos las historias con las que nos podemos topar en apenas pocos metros de recorrido. Una joven de 25 años, técnico dental, que vende chocolatinas; o Marielis, que vende caramelos en los buses del sur entre Envigado y Poblado; o Carlos Borges, técnico radiólogo que llegó hace dos días sin pasaporte ni documentos apostillados; o Abelardo Manzano que tiene dos meses en el país y cuenta que ha aplicado a más de 100 ofertas de empleos y no ha logrado acceder a ninguna entrevista, que tiene sus documentos académicos apostillados y el pasaporte sellado por Migración Colombia, pero tampoco posee permiso de trabajo.

Y es que, al parecer, el permiso de trabajo en principio fungiría como amuleto de la buena suerte para los inmigrantes, pero no todo termina con la obtención de ese documento.

Los trabajos informales continúan siendo el sustento de miles de venezolanos en Colombia y otros países. Foto: Gustavo Bauer

En los grupos de Facebook —que aglutinan a venezolanos en Medellín— se leen cientos de testimonios de personas que poseen el permiso, documentos vigentes y tienen más de un año en búsqueda de empleo formal; y no sólo eso, también se leen comentarios de personas que piden cobijo, pues se encuentran en situación de calle, o piden comida para alimentar a sus hijos, muchos de ellos duermen en plazas, en el Terminal del Norte, en iglesias o albergues temporales.

En una revisión de las ofertas en portales como Computrabajo, El Empleo o Jooble se observa que muchos empleadores solicitan a los aspirantes extranjeros presentar credenciales y la respectiva visa de trabajo, o permiso laboral, los títulos académicos apostillados y homologados —si fuese el caso—, lo que demuestra que, hasta el momento, ninguna de las condiciones para la contratación de mano de obra extranjera venezolana ha sido flexibilizada; al contrario: los empleadores se encuentran temerosos a la hora de contratarles para evitar sanciones administrativas.

Eso contrasta con el anuncio hecho hace más de un mes por la ministra del trabajo, Alicia Arango Olmos, sobre la creación de un Registro Único de Trabajadores Extranjeros en Colombia (RUTEC), con el fin de manejar una data robusta de la mano de obra extranjera, en especial venezolana, contratada en el país y evitar de esa forma el abuso laboral por parte de patronos inescrupulosos.

Además, según reseña el portal del diario www.elpais.com.co, el pasado 13 de noviembre afirmó la funcionaria:

Es de suma importancia para el ministerio del Trabajo adelantar acciones hacia una política migratoria laboral, promover la garantía de derechos laborales de los extranjeros en el país y evitar las prácticas abusivas de contratación, para lo cual estaremos muy atentos… el RUTEC no es una ruta de empleo, no es un permiso de trabajo o un requisito para acceder a un trabajo, no es una constancia que se solicite para afiliar a EPS, pensiones, Caja Compensación Familiar y ARL y mucho menos, es un Permiso Especial de Permanencia, ni una medida de regularización para población extranjera”.

La legislación colombiana exige, para poder optar a la visa de trabajo, un contrato o vínculo laboral con algún empleador; sin embargo, la mayoría de las empresas solicitan al aspirante —para su contratación— la visa de trabajo, cayendo así en una incongruencia en el proceso de selección, pues esta visa no podría obtenerse sin el contrato con el cual el aspirante pudiera demostrar tal nexo.

En cuanto al permiso de trabajo o permanencia especial para venezolanos, el último fue otorgado por el Gobierno de Juan Manuel Santos, en los días finales de su gestión.

Anteriormente, según el decreto mil 288 del 25 de julio de 2018, se adoptaron medidas para garantizar el acceso de las personas inscritas en el Registro Administrativo de Migrantes Venezolanos (RAMV), a quienes, paulatinamente, se les ha ido otorgando el Permiso Especial de Permanencia (PEP), cuyo lapso de entrega del documento vence este 02 de diciembre próximo.

Los beneficiarios del tal medida excluye a un universo amplio que va aumentado con el transcurrir de los días.

Así llegamos hasta el esperado anuncio del presidente colombiano Iván Duque, quien ya ha cumplido sus primeros cien días y el pasado sábado 24 de Noviembre adelantó la creación de un documento/proyecto del Consejo Nacional de Políticas Económica y Social (CONPES) desde el que se ejecutarían planes estructurales para la atención de la población migrante desde Venezuela en varias áreas como: salud, educación, primera infancia, infancia, adolescencia, inclusión laboral, agua, alojamiento y prevención de xenofobia, entre otros.

Para tal fin el gobierno dispone de la cantidad de 422 mil 779 millones de pesos, que es lo que le estaría costando al vecino país la atención de la diáspora venezolana.

  • 1.032.016 venezolanos viven actualmente en Colombia, cifra que va en ascenso progresivo al ingresar al país al rededor de 30 mil venezolanos diariamente.

Entre esas medidas, se anunció la creación de un permiso de tránsito que tendría una duración de 10 días para los venezolanos que usan a Colombia como vía para ir a otros países. Así, podrán hacerlo de forma legal por las fronteras oficiales y no a través de las llamadas “trochas”, pues en ellas se genera un sinfín de problemas asociados con la criminalidad.

En segundo orden, Duque comunicó la suspensión del decreto número 2229 de 2017, donde se establecían procedimientos y requisitos para la internación temporal de vehículos provenientes de Venezuela, esto con el fin, según el presidente, de recabar información precisa para tomar mejores medidas.

Esto, sin embargo, continúa impidiendo que los migrantes puedan insertarse sanamente en la sociedad y genera distorsiones en la economía colombiana, resaltando una evidente contradicción entre lo pregonado por el gobierno de Duque y lo que ha hecho en estos cien días, pues ha afirmado reiteradamente que no cerrará la frontera, pues traería más desorden a una diáspora que no se detendrá, pero tampoco ha dictado la primera medida ejecutiva relevante para que los venezolanos puedan, si quiera, ingresar a un mercado laboral que les abra oportunidades.

Entre tanto, miles de venezolanos, en su intento por legalizar su permanencia en el país y acceder a un trabajo formal, acuden al ministerio del trabajo a través del Servicio de Empleo, y llenan el registro para cumplir con una “Ruta de Empleo” que incluye entrevistas, asesorías especializadas, y cursos de formación gratuitos con el fin de brindar acompañamiento al solicitante y servir de puente entre él y su posible empleador; pero en el proceso de selección, el permiso de trabajo juega un papel fundamental, además de que los procesos son muy dilatados, según afirma Claudia Guayara, asesora empresarial de COMFENALCO en su sede de Sabaneta, una corporación de subsidio familiar con amplio arraigo en Antioquia y vinculada el Ministerio del Trabajo.

Otro aspecto importante es que en la página del Servicio de Empleo no se ofrecen datos específicos de la demanda de trabajo por parte de extranjeros. Ni siquiera se hace mención de ello en el más reciente informe de Dinámica Laboral elaborado por COMFENALCO, que corresponde a 2018.

Y es que, aparentemente, nadie en Colombia estaba preparado para el aluvión que se venía encima con la crisis en Venezuela, la cual no apunta a una solución inmediata; al contrario: todos los analistas indican que se agravará en 2019 y que el número de estos criollos en Colombia se multiplicaría considerablemente, haciendo que la cifra de un millón de venezolanos que viven actualmente, según datos suministrados recientemente por extranjería, se quede corta ante la magnitud de la avalancha humana que parece no tener fin.

Una lesión social y económica sin precedentes para ambos países: uno acostumbrado a ser receptor de todo tipo de inmigrantes, y el otro, que nunca había tenido que jugar ese rol, y que además es testigo tensionado y silente de cómo los recursos de su país deben ser desviados, muchas veces, en atender al vecino hambriento: los servicios públicos y sanitarios colapsados, problemas de indigencia, hacinamiento, delincuencia y trabajo informal galopante hacen tambalear el presupuesto de cualquier nación en momentos en que el gobierno, precisamente, enfrenta una reforma fiscal y busca la reactivación de una economía en recesión, a la vez que gestiona recursos en el extranjero para la ayuda humanitaria a venezolanos, pero que de seguro no serían suficientes para abordar semejante desafío.

La pregunta de las mil lochas: ¿hasta cuándo podrá Colombia bregar con esto?

 

Sobre el autor

Pedro D. Túa

Pedro D. Túa

ADS - Abogado
Columnista Freelance
Premio "Pulso y Alma de la Crónica en Venezuela" 2011 (Fundación Bigott)
perdrodomingotua@gmail.com

1 Comentario

  • Ayuda dónde me puedo dirigir para poder sacar el permiso de trabajo tengo 6 meses en Colombia y no he podido trabajar tengo dos hijos y mi mamá está incapacitada no he Podido mandar dinero a Venezuela por favor ayuda

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