Diáspora

La erradicación de la xenofobia comienza en casa, explican fundaciones ecuatorianas

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Redacción Papagayo
Escrito por Redacción Papagayo

¿Cómo se siente cuando va a otra casa?, ¿qué hace cuando llega una visita a su hogar? o ¿Cómo ayuda si un amigo extranjero es agredido? Esas son algunas preguntas sobre las que se deben reflexionar en familia, en especial, en la época actual en la que se vive una ola migratoria en Ecuador y la mayoría de países de la región, explica la psicóloga Cristina Tapia.

Este tipo de charlas son necesarias para evitar agresiones y violencia en el ámbito escolar o en la comunidad. Días atrás, un niño venezolano de 5 años fue víctima de agresiones en un plantel educativo de Quito. Dos compañeros del pequeño Luis lo golpearon, mientras repetían “venezolano, vete de aquí”.

No es la primera vez que la familia del menor recibe un trato displicente. En el proceso de inscripción sintieron el maltrato de un docente, quien se refirió con insultos hacia los extranjeros.

Tapia, quien es directora del Centro Terapéutico Infantil Crecemos, sostuvo que el trabajo no debe centrarse solo en el niño sino en el núcleo familiar. Ella explica que, por ejemplo, se debe trabajar en la tolerancia y aceptación al otro. Además, se debe analizar sobre las diferentes costumbres e ideologías que tienen las personas en cada región o país.

La mejor forma de intervenir es hacer comprender la realidad”.

Para ello, la experta propone más preguntas que deben trabajarse en casa. “¿Cómo te sentirías en los zapatos del otro?” o “¿Qué me hace diferente de los demás?” Estas interrogantes y las mencionadas anteriormente ayudan a que la familia entienda el contexto en el que se dan estas olas migratorias.

No podemos tapar el sol con un dedo, por lo que debemos hablar de lo que ocurre y cómo podemos ayudar a generar un cambio de conductas”, señala la especialista.

Además, se deben plantear algunas acciones para evitar la reproducción de actos violentos: “Es necesario trabajar para formar amistades y ser más cooperativos entre nosotros”.

Evitar la xenofobia es una tarea de todos, en especial, de los adultos y de la familia, señala Daniel Rueda. Él es presidente de la Fundación Alas de Colibrí, que trabaja en la promoción y defensa de derechos humanos de ecuatorianos y extranjeros.

Rueda explica que los foráneos que llegan a la Fundación reciben un detalle sobre los derechos a los que pueden acceder. También apunta la importancia de recalcar que pueden acceder a servicios y a justicia social. “Más aún cuando se trata de niñas, niños y adolescentes, a quienes se debe garantizar su interés superior”.

Alas de Colibrí, por ejemplo, ha trabajado en tres instituciones educativas, con el objetivo de erradicar la xenofobia. El primer paso fue llegar con propuestas a los Departamentos de Consejería Estudiantil (DECE). Luego se abordó a los docentes y a los estudiantes. Finalmente se hizo una actividad, a la que asistieron más de 2.000 chicos.

Debemos interrelacionarnos y apostar al respeto y reconocimiento del otro, por lo que se debe trabajar con la familia”.

La Fundación también ha trabajado en problemáticas relacionadas con la migración como la violencia sexual, trata de personas y otras. María y Camila —nombres protegidos— son dos venezolanas que vivieron temas de trata y tráfico sexual en Colombia. Lograron escapar de sus captores y llegaron a Ecuador. En el país no se les brindó las atenciones necesarias para la restitución de sus derechos, relata Rueda. Hoy, y junto a la Fundación, están en el proceso de tramitar sus papeles y de reinserción social.

En este espacio además se trata a jóvenes que han vivido situaciones similares. Algunas están refugiadas en la casa de acogida de Alas de Colibrí, en el norte de Quito. Allí se les brinda una vivienda y la posibilidad de que elaboren su plan de vida. Otra fundación que trabaja en el acceso de derechos a los foráneos es Migrante Universal, una agrupación en donde sus integrantes son extranjeros y nacionales. Su presidente es un venezolano: Óscar Padrón, quien considera que la convivencia se centra en la unión entre personas de cualquier nacionalidad.

Bajo esta premisa, Migrante Universal ha apostado por realizar actividades de integración. Una de ellas fue el Festival de Música, que se llevó a cabo en el Centro Histórico de Quito, el pasado 14 de septiembre del 2019. En ese encuentro, niños cantaron melodías típicas de cada país. Adicionalmente se han desarrollado actividades como festivales deportivos entre comunidades: venezolanos, colombianos y ecuatorianos.

El sábado 2 de noviembre del 2019, por ejemplo, se reunieron para hacer deporte y entonar canciones típicas de los tres países latinoamericanos. En diciembre, también, se realizarán actividades conjuntas para decirle “No a la xenofobia”.

Organismos internacionales como Cruz Roja Ecuatoriana también han realizado acciones para evitar la xenofobia. La entidad, por ejemplo, presentó la obra de teatro denominada La mochila que más pesa. De forma creativa se trató de visibilizar la situación que viven los migrantes durante su trayecto hacia otros países. Otro de los objetivos fue generar empatía hacia los extranjeros.

Desde junio del 2018 hasta septiembre del 2019 se ha brindado atención a 271.685 personas migrantes. Entre ellas se apoyó en el restablecimiento del núcleo familiar, apoyo psicosocial, espacios amigables, atención médica y asistencia humanitaria. Este último punto resalta, ya que se han entregado “kits” de higiene, lúdicos, insumos de cocina y vestimenta.

De acuerdo con el registro migratorio, desde mayo de 2017 hasta julio de 2019 han ingresado a Ecuador 1.673.980 ciudadanos venezolanos, de los cuales 341.561 permanecen en el país, y más de 115.000 de ellos con visa.

Con información de El Comercio (Valeria Heredia).

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