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Economía

La dolarización de facto cava la tumba del bolívar

Expertos explican cómo opera la 'dolarización de facto' en Venezuela. Foto: Archivo.
Gustavo Ocando Alex
Escrito por Gustavo Ocando Alex

La cohabitación del dólar con el bolívar es una posibilidad latente en Venezuela. La dolarización opera de facto en comercios formales e informales del país. La idea de crear una nueva divisa nacional también está sobre el tapete

Especial para Papagayo News

Dos chamos conversan un día cualquiera en Maracaibo. Tranzan dólares del mercado negro, sin estrés. Uno de ellos, celular en mano, le pregunta a su amigo:

—Papi, vas a vender los dólares, ¿no?

—Sí, sí, sí.

—Setecientos… sí, sí.

Un tercero, mechudo, pega un brinco detrás de la pared que los precede.

—¡Subió!

El vendedor y el comprador se quedan lelos, incrédulos. Vuelven a lo suyo.

—No, no. Ya va…

—Siete cincuenta, vamos a venderlo en siete cincuenta.

—¡Subió! —grita de nuevo el peludo, en otro brinco.

—Loco, qué habláis. Vamo’ a ‘vendelo’ rápido, marico, antes de que…

—¡Subió!

—No puede ser…

El desespero se va apoderando de ellos, mientras suben y suben la tasa, siempre sucedidos con el grito de “¡subió!” de quien actualiza el precio real en la calle.

—Marico, ‘ponelo’ a mil, ‘ponelo’ a mil.

—¡Subió!

—¿Cómo que subióooo? ¡No pudo haber subido de mil! ¡Yaaaaaa!

El video lo protagonizaron tres comediantes zulianos, quienes satirizaron, el año pasado, la irregularidad del precio del dólar en Venezuela. Se hizo viral en múltiples chats y cuentas de Instagram.

Era un chiste, pero la comicidad ilustró a la perfección el día a día de la volatilidad de precios en un país que posee el récord de la mayor inflación del mundo.

La moneda nacional se ha pulverizado en meses, a pesar del plan económico anunciado por el gobierno nacional en el último semestre de 2018. Los esfuerzos oficiales incluyeron dos aumentos del salario mínimo, la derogación de la Ley de Ilícitos Cambiarios e, incluso, una reconversión que restó cinco dígitos al valor nominal del ‘bolívar fuerte’ hasta convertirlo en ‘soberano’.

La tasa Dicom, que refleja el precio oficial del dólar en Venezuela, evidencia el desplome: cada dólar estadounidense pasó de costar 61 bolívares a finales de agosto de 2018 a 704 bolívares en la primera subasta de divisas de enero de 2019.

La depreciación de la moneda coincide con un proceso hiperinflacionario inédito en Venezuela. La comisión de Finanzas de la Asamblea Nacional ha publicado cálculos independientes sobre la economía venezolana en respuesta a la falta de publicación de cifras oficiales de parte del Banco Central de Venezuela.

Su último informe, revelado un día antes de la polémica juramentación del presidente Nicolás Maduro ante el Tribunal Supremo de Justicia, concluyó que entre enero y diciembre de 2018 hubo una inflación de 1.698.488 %.

Según el Parlamento, los precios de bienes y servicios en el país aumentan a un ritmo de 3 % por día. Y, en ese trajín económico, el precio del dólar paralelo crece a ritmo del brinco viral que aquellos comediantes zulianos reflejaron.

El dólar no oficial parece atado a un cohete desde finales de diciembre. En solo diez días, va camino a triplicar su precio al escalar desde 750 bolívares a mil 700. Es un comportamiento que machaca los clavos en el ataúd de la divisa venezolana.

Empresas, comercios y la ciudadanía que tienen acceso a ella —por vía legal o en el mercado paralelo— han depositado sus confianzas en la moneda dura originaria de Estados Unidos, calculando sus inventarios y egresos de acuerdo con las tasas no oficiales, mientras aumenta el menosprecio hacia la divisa local.

Ejemplos sobran: las compañías ofrecen bonos en dólares a sus empleados para prevenir sus renuncias; un ciudadano común puede comprar un jean en centros comerciales de las principales ciudades con billetes verdes; y es posible pagar la mano de obra de un mecánico y comprar repuestos para tu automóvil con moneda extranjera.

Dueño y señor de la economía venezolana

En Venezuela hay una dolarización de facto”, concluye Alberto Castellano, economista y docente de la Universidad del Zulia, quien opina que oficializarla sería una vía para paliar la hiperinflación.

Atribuye los sobresaltos bruscos en el precio del dólar paralelo a la combinación de la depresión económica con la incertidumbre política, acentuada por la juramentación de Maduro para un nuevo mandato, cuando sus opositores y decenas de gobiernos lo tildan de usurpador tras calificar de ilegítimas las elecciones presidenciales de mayo pasado.

A Castellano no le hace ruido la posibilidad de que la economía venezolana dependa oficialmente del valor del dólar estadounidense como respuesta a la volatilidad de los precios.

La dolarización es una medida que puede contrarrestar el proceso hiperinflacionario. Creo que hay que discutirlo en un ambiente netamente técnico, sacándolo de lo político”, expresa, sin descartar que el gobierno opte por emitir una nueva moneda.

Es lo que los economistas llaman una “reforma monetaria”. Ese proceso implicaría la emisión de un nuevo signo monetario en un contexto de una política económica distinta, estable y que genere confianza, opina Castellano.

El docente de LUZ cree que, cualquiera sea el caso, el bolívar y su impacto en la economía llegó a su fin. “Ya no debe existir como unidad monetaria, pues no genera confianza. Perdió todas las funciones que debe tener el dinero, a excepción de la de tranzar”, subraya a rajatabla.

Un dólar barato es insostenible en la actual coyuntura inflacionaria, considera, por lo que espera del poder Ejecutivo una reacción al respecto.

Dolarización “salvaje”

Emmanuel Borgucci, economista y director del Instituto de Investigaciones Económicas y Sociales de la Facultad de Economía de LUZ, opina que la dolarización de facto que existe en Venezuela es “salvaje”.

Eso no es propio de una economía modelo, donde, si quiero comprar divisas, las compro”, dice el experto en macroeconomía y ciencias sociales.

Critica que el país no termine de decidir qué rumbo tomar en su mercado cambiario. Es tajante en sostener que esa vía debe ser distinta al mantenimiento de los controles que iniciaron en 2003 durante la gestión de Hugo Chávez Frías.

O hace como Panamá —donde cohabita el dólar con el balboa, su moneda nacional— o establece la férrea disciplina económica para una nueva moneda de curso legal. El bolívar ha perdido tanto su valor que hasta ha desprestigiado a la figura icónica de nuestro país”: el Libertador, diagnostica.

Borgucci asegura que la depreciación del bolívar en cuanto al dólar estadounidense obedece a que Venezuela está lejos de ser un país económicamente competitivo.

Somos un país ‘desindustrializado’, con una agricultura pequeña y un aparato productivo desarticulado, que no tiene forma de generar dólares, pues la industria petrolera cayó en la misma vorágine. Eso hace que el bolívar valga menos y el mercado se refugie en una moneda mayor”, indica.

Destaca que el bolívar queda expuesto a devaluaciones frecuentes, en parte, dado el bajísimo nivel de las reservas internacionales, que hoy está cercano a los 9 mil millones de dólares.

Deberían estar en 90 mil millones de dólares para que el bolívar no sufra estas devaluaciones brutales. Eso demuestra la inmensa debilidad que tenemos”, acota.

Advierte que una dolarización no significaría que, de la noche a la mañana, los precios de los productos, bienes y servicios costarán lo mismo en Estados Unidos que en Venezuela. “No se trata de la divisa, sino del sistema económico que permita que la moneda sea estable”, expresa.

Borgucci cree imperativo reformar al Banco Central de Venezuela para recuperar su prestigio. Considera que un primer paso del ente federal debe ser la restitución de profesionales expertos en materia monetaria y, luego, la publicación de las cifras oficiales sobre la economía nacional.

El economista valora que, para ser exitosa, cualquier decisión monetaria de este o de los próximos gobiernos en Venezuela debe estar ceñida a una política de ajustes “severos” que resultarán impopulares.

Entre esas decisiones debe incluirse la reducción del gasto público, que está “desbocado”, a su entender. También propone incluir planes para diversificar la producción, aumentos en las tarifas de los servicios públicos, la liberación del mercado laboral, la privatización de la industria petrolera y el sinceramiento del cobro de impuestos.

Hay que tener valentía para decirle al pueblo las cosas como son”, dice, consciente de que su diagnóstico es difícil de digerir.

Es terrible, pero se acabó el bolívar”.

Sobre el autor

Gustavo Ocando Alex

Gustavo Ocando Alex

Colaborador de Papagayo News.
Licenciado de Comunicación Social.
Profesional con amplia trayectoria como periodista, exjefe de edición y corresponsal de distintos medios de comunicación nacional e internacional.

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