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Diáspora

El emigrante venezolano también lleva la espiritualidad en su equipaje

La espiritualidad es uno de los sustentos de los migrantes venezolanos en el exterior. Todos sus signos reconocibles les brindan familiaridad. Foto: Gustavo Bauer
Gustavo Ocando Alex
Escrito por Gustavo Ocando Alex

La espiritualidad se antoja como un escudo fuera del país natal. Da respuestas y brinda un espacio de contemplación cuando el proceso migratorio amenaza con minar el sentido de la vida

Especial para Papagayo News

Abdy Torrealba de Mayer, periodista graduada en la Universidad Cecilio Acosta (Unica) de Maracaibo, en el occidente venezolano, no tenía un bolívar encima cuando comenzó a planificar su viaje a Chile hace un par de años.

Su esposo, Ronald, viajaría antes de ella y su hijo hasta la comuna Limache, en la región de Valparaíso, para abrir camino a la familia entera. Quería trasladarse por aire, no por tierra, para evitar un episodio crítico de su habitual hipertensión, pero el presupuesto entorpecía el proyecto.

“No hallábamos cómo hacer”, cuenta Abdy, desde su nueva residencia en el centro de Chile. Los bienes que vendieron reportaron ganancias que apenas costeaban la mitad del precio de un pasaje terrestre que partía de Bogotá.

Y, entonces, llovió la ayuda.

Amigos y familiares en el exterior colaboraron para juntar entre todos suficiente dinero para que Ronald pudiera volar a su nuevo destino.
Para los Mayer, hubo un gestor divino.

Nos pusimos a orar y el dinero apareció de la nada. De un día para otro, teníamos el pasaje en las manos”, dice. “Allí vi la manifestación de Dios”.

Abdy y su hijo, Samuel, se reunieron en marzo de 2017 con Ronald. Los tres se han aferrado desde el primer día a su fe, la mormona, encomendando a Dios cada paso, retos y responsabilidades que la migración ha traído consigo.
Han encontrado “un hogar” en la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días que les ha facilitado la adaptación, asegura. Los lunes, de hecho, participan en reuniones llamadas “Noches de hogar”, donde comparten escrituras bíblicas, juegan y se acercan como familia.

La ayuda que reciben es más que meramente espiritual. Los encargados del templo al que asisten les han regalado alimentos, ropa de invierno e incluso se ofrecieron a pagarle el arrendamiento de su vivienda en tiempos de carestía. Abdy, dice, ve en esos gestos la mano amiga de Dios. La fe es su sostén ante la distancia de los suyos y las vicisitudes en tierras ajenas.

Escudo del migrante

La fe y la religión es un nexo común para el inmigrante que se enfrenta a un nuevo mundo. Foto: Gustavo Bauer

La espiritualidad es un factor de protección mental para el migrante, según la psiquiatría, aun cuando pueda diferirse sobre la veracidad o no de los diferentes credos existentes en el mundo.

Investigadores del Departamento de Psiquiatría del hospital Vall d’Hebron de Barcelona y de la Universidad Autónoma de esa misma ciudad española concluyeron en 2012, en el marco del estudio Aculturización y espiritualidad, que los aspectos relacionados con el espíritu, la religión y el alma “implican una importante estrategia de afrontamiento que puede ser activada a priori o como una respuesta al malestar mental”.

La investigación remarcó que las experiencias espirituales sirven como un recurso positivo para los migrantes.

Pueden proporcionar alivio en el afrontamiento de un problema derivado de la crisis existencial causada por las pérdidas, cambios y dolor que la inmigración trae consigo”, indica el informe de los psiquiatras barceloneses.

La espiritualidad se antoja como un escudo fuera del país natal. Da respuestas y brinda un espacio de contemplación cuando el proceso migratorio amenaza con minar el sentido de la vida, añade el documento.

La asistencia a servicios religiosos, apuntó el estudio, puede suministrar un espacio de protección y seguridad que resulta familiar al migrante. También, es una práctica activa que mantiene a la persona en contacto y comprometida, evitando su aislamiento.

“Todo esto tiene gran lógica: religión y espiritualidad tienen ambas la función de alivio sagrado y profano del sufrimiento”, indican los investigadores.
Eduardo Gómez Carrillo, investigador de la Universidad de San Buenaventura, en Bogotá, Colombia, coincide en que la función de la religión y la espiritualidad no es meramente complementaria en la sociedad.

“La religión se convierte en muchos casos en la única y verdadera fuente de sentido social, en la constructora de los modos de vida y de las formas de relación social de muchas de estas personas”, escribió en su ensayo sobre espiritualidad y desplazamiento en Colombia.

Gómez Carrillo afirma que la espiritualidad es un nexo común en países a donde el inmigrante se enfrenta a un nuevo mundo: comidas extrañas, vestuarios distintos, climas desconocidos.

La condición de extranjeros se muestra en cada acto y los espacios alternativos de socialización, por ejemplo, los templos, se convierten en lugares centrales para su encuentro con otros. Ahí pueden reconocerse con el otro y pueden ser parte de una comunidad”, afirma.

La fe, dentro de la maleta

La fe forma parte del equipaje del venezolano migrante, asegura Eduardo Ortigoza, sacerdote católico y vicario episcopal para la educación y la cultura en la Arquidiócesis de Maracaibo; “es parte de la cultura del venezolano. Somos un pueblo tradicionalmente cristiano, mariano. Es algo que no vas a dejar. Te conecta con lo que dejas. Con ella, nos sentimos unidos. Es una alegría compartida”.

Ortigoza sostiene que las creencias y la espiritualidad mitigan el sufrimiento del migrante. Calman sus miedos, avivan sus esperanzas y sueños. “Al estar acompañados de la fe, esta les sigue animando”.

La búsqueda constante de sus referencias religiosas ha llevado al migrante venezolano a vincularse con éxito en pastorales de otros países, a pesar de estar rodeado de culturas y lenguas distintas.

Fe para llevar: los venezolanos llevan sus signos religiosos consigo. Foto: Gustavo Bauer

Cita como ejemplo la multiplicación en diferentes partes del mundo de celebraciones marianas muy propias de Venezuela, como la de la Virgen de Coromoto o de Nuestra Señora del Rosario de Chiquinquirá, que este año se celebró masivamente en múltiples ciudades y cuyas concentraciones se viralizaron en videos a través de las redes sociales.

Los obispos chilenos comentaron a sus pares venezolanos cómo se ha fortalecido su iglesia gracias a la llegada de devotos de Venezuela. “Forman parte de sus corales, de sus pastorales, de sus misas”, cuenta el religioso, oriundo de Maracaibo.

En esas comunidades religiosas, el apoyo es ley diaria. “La religión colabora con la incorporación social. Es referente desde la fe. Ayudar al migrante también es una obra de misericordia”.

Ortigoza comparte los consejos espirituales que ha confiado a amigos, familiares y compañeros de trabajo que han migrado en años recientes: “trata al máximo de no olvidarte de tu fe; ofrece tu jornada a Dios; vincúlate a tu nueva parroquia; busca fortalecer tu fe con personas que la compartan”.

La espiritualidad tampoco es exclusiva de las religiones establecidas. También, está presente en prácticas de meditación corporales. Rosalinda Delgado Silva, de 25 años, imparte clases de pilates tres veces por semana en Concepción, Chile. Antes de migrar, hacía lo propio en su natal Maracaibo.

Da testimonio de cómo los ejercicios frecuentes han brindado balance a su vida, a cientos de kilómetros de su Venezuela. Prácticas de respiración, movimientos articulares, el estado consciente y la contracción de abdominales son herramientas que le permiten mantenerse positiva.

Vivo trabajando mi mente y cuerpo y el pilates es una herramienta para mantenerme equilibrada”, afirma. “Adoptas características que te ayudan a surgir y a enfrentar cualquier situación”.

Gestor omnipresente

Abdy ve su fe como un termómetro: cuando está efervescente, la vida y la esperanza marchan mejor; cuando merma, arrecian las complicaciones.
“Nos hemos dado cuenta de que definitivamente todo lo que hemos logrado en Chile ha sido gracias a que Dios nos ha ayudado. Cuando diezmamos nuestras prácticas (religiosas), se nos vuelve la vida cuadritos”.

Un tropiezo de su salud la hizo encarar una de sus más rudas batallas espirituales el año pasado. Diagnosticada con lupus hace 19 años, se sintió indefensa, preocupada, al sufrir una neumonía crítica en un país donde es complicadísimo y costoso lograr una cita médica.

Acá, la salud no es pública. Si no tienes una cita médica, si no pagas, no obtienes nada. No conseguíamos las consultas”.

Logró, gracias a una amiga venezolana que trabaja en un hospital de su provincia, una cita de emergencia con un internista, en la que le extrajeron un litro de líquido de sus pulmones.
Dada su gravedad, la remitieron a otro centro de atención, donde no le cobraron un centavo por exámenes, diagnóstico y tratamiento de su enfermedad crónica.

De nuevo, su fe le lleva a creer que el gestor de su sanación es omnipresente y todopoderoso. “Las puertas que para otros han estado cerradas, bajo llave, para mí fueron abiertas”, dice, hoy sana.

 

Sobre el autor

Gustavo Ocando Alex

Gustavo Ocando Alex

Colaborador de Papagayo News.
Licenciado de Comunicación Social.
Profesional con amplia trayectoria como periodista, exjefe de edición y corresponsal de distintos medios de comunicación nacional e internacional.

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