Opinión

El descenso hacia la realidad

La Vinotinto Sub20 finalizó su gesta para conseguir un cupo en Polonia. Foto: Juan Camacaro.
Édgar Quevedo Marín

Después de mostrar una deplorable imagen en los últimos tres encuentros del hexagonal final, Venezuela sucumbió 0-3 contra Ecuador y enterró sus opciones de estar en el Mundial Sub-20 de Polonia.

¿Cómo es posible que una selección que terminó líder de su grupo y que comenzó con 4 puntos el hexagonal final, finalice el torneo de una forma inimaginable, con tres derrotas y sin anotar un gol? Se puede explicar de distintas formas, pero principalmente se puede hacer desde el juego.

Venezuela no fue una muy diferente a aquella que triunfó en la primera ronda; lo que sí cambiaron fueron los resultados, porque mostraron el verdadero final que se presagiaba.

Ni los más de 20 módulos de entrenamiento antes del torneo, ni sus individualidades y ni sus opciones con la pelota parada fueron suficientes para un equipo esclavo de su idea, que no encontró variantes cuando los resultados adversos fueron convirtiéndose en lo más común.

Es difícil para el fanático comprender esta caída, sobre todo desde los resultados. Se estaba en lo más alto, y ahora, en un abrir y cerrar de ojos, cayó en un hueco sin posibilidad alguna de salir.

Hace dos años eran los subcampeones del mundo en la categoría y hoy se quedan fuera del Mundial, con un bajo rendimiento futbolístico.

El ejemplo más leve suele ser el más representativo: el único encuentro en el que Venezuela fue superior a su rival, contra Brasil en fase grupos, perdió. Las victorias solo eran paños de agua fría contra el pronóstico más negativo. Cuando les tocó enfrentarse a rivales superiores, se notó su peor cara, en mayor parte porque se dedicó a especular y no a proponer.

Dudamel y su cuerpo técnico nunca tuvieron control de las situaciones; estuvieron lejos de mostrar variantes que no fueran predecibles. Con 23 jugadores en la plantilla a su disposición, solo unos pocos tuvieron oportunidad de mostrarse. Es momento de hacer un análisis del cómo se llega en lugar de llegar solo para estar ahí.

Es difícil que cambien su forma de ver esto, pero la selección de mayores va en camino a un final similar.

Lo único rescatable de esto es la ratificación de jugadores que hoy por hoy deberían estar en las próximas convocatorias de la Vinotinto. Bonilla, Hurtado, Makoun y Sosa deben ser incorporados para que empiecen a formar parte de esa generación de relevo junto a otros jóvenes jugadores.

Las jerarquías se revalidan y Venezuela estuvo lejos de hacerlo. Incluso con posibilidades, nunca fue el equipo que creyeron ser, o al menos el que la gente ansiaba.

Esta Vinotinto, con menor calidad que la anterior sub-20, tuvo sus oportunidades para clasificar, pero la realidad de su idea de juego llegó de golpe y de la peor forma.

Habrá que revisar cada detalle con el fin de buscar una solución que consiga que las selecciones nacionales, en todas sus categorías, sean una constante y no una excepción.

Quién sabe si a partir de este escenario se empieza a priorizar las forma y no el fin, porque garantizando la primera se facilitan los objetivos, grupales e individuales, de cada uno de los protagonistas.

 

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Édgar Quevedo Marín

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