Opinión

El arte de vencer en la cruzada por la transformación de la sociedad venezolana

Pedro D. Túa
Escrito por Pedro D. Túa

El arte de vencer se aprende en las derrotas” leí en alguna de las proclamas de el Libertador Simón Bolívar, ese gran hombre de carne y hueso que, lamentablemente, la historia patria optó por endiosar, lo cual nos ha costado bastante caro.

Pero la afirmación tiene un significado profundo y poderoso: el ser humano, imperfecto como es, pero siempre perfectible, no está preparado para asumir y asimilar las derrotas, y mucho menos hacer lo propio con las victorias.

No cualquiera puede ni está en la capacidad de ser un buen vencedor; para eso se necesita nobleza, gallardía, y temperamento. Las victorias han de ser bien administradas, pues como cualquier hecho de la vida podrían ser efímeras.

No es suficiente con lanzar los dados y ganar para luego echar por la borda el esfuerzo que significó la victoria.  

Los venezolanos hoy experimentamos un trance, una metamorfosis y, definitivamente, no es una opción volver a lo que éramos: de aquellos barros vienen estos polvos.

Después de varios años de derrotas y desatinos, pareciera que finalmente podremos vencer. Pero la pregunta es: ¿estamos preparados los venezolanos para vencer?

No podemos permitir que aflore una sociedad dividida, resentida, resquebrajada y llena de vengadores. Sería una victoria sin grandeza, sin efecto positivo y totalmente pírrica, pues perderíamos mucho más de lo que en apariencia habríamos ganado en ese trance.

Debemos alejar y expulsar el revanchismo; pujar ciudadanos magnánimos, que no humillen al derrotado y que, en cambio, le tiendan la mano para sumarlo al ideario de país libre y moderno que necesitamos, y así poder ingresar al siglo XXI, hecho pospuesto desde el año 1999 cuando nos atascamos a lo peor del siglo XX. No es poca cosa lo que aún falta por recorrer.

Cuando nos sumergimos en las profundidades cavernosas del cyberespacio y de las redes sociales, y leemos lo comentarios con desparpajos de la gente, lo que aflora en ellos es un resentimiento puro y sed de venganza que jamás debe ser confundida con la sed de justicia.

Lo mismo pasa cuando asistimos a manifestaciones y marchas populares: aún hay sectores que mantienen un objetivo revanchachista, y eso le hace muy flaco servicio a la cruzada por la transformación de la sociedad venezolana.

Y no es que esa sed de venganza o el surgimiento de verdugos sea injustificado; al contrario, se justifica en cada acto o despropósito ruin de la dictadura, cuando vemos a algunos de sus más destacados voceros que, con sonrisa cínica de “Mona Lisa”, pretenden la negación de los hechos que más oprimen hoy a la gente, y se ufanan de grandes y gloriosos objetivos alcanzados por el sistema de gobierno que impusieron y que, a su vez, ha traído, precisamente, el resquebrajamiento social crónico del que hago referencia.

Sí. Es difícil no sentir resentimiento u odio contra el mensaje de un Jorge Rodríguez, quien anuncia un “gran” concierto por la paz en la frontera con Colombia más la donación de 20 mil cajas CLAP para atender a los niños pobres de Cúcuta, cuando en la misma capital venezolana vemos a jóvenes y adultos mayores deambular por los basureros y morir de mengua en sitios públicos por, precisamente, el hambre campeante.

Es difícil no querer ser un vengador cuando escuchamos a un Pedro Carreño afirmar que el pueblo está dispuesto a morir por la revolución y la no intervención del país cuando, en 20 años, no han hecho más que entregar la soberanía nacional a potencias extracontinentales; ó cuando vemos a una Delcy Rodríguez afirmar que en Venezuela no hay crisis humanitaria.

Pero es que de eso se trata: de que la sociedad se sane de esa enfermedad que han inoculado y de que podamos avanzar y mirar hacia el futuro esperanzador que cada vez es más inminente, sin darle cabida a ese discurso falaz.  

Para ello necesitamos líderes formados, sanos, que hagan su trabajo y eviten que el pueblo se siga equivocando de rumbo, pues el pueblo se equivoca es cuando carece de lideratos claros y sólidos.

Nunca más deberían existir en Venezuela esos pseudo líderes, mesías o caudillos, que han hecho de la política un mecanismo de control social, traficando con las necesidades del pueblo, y que han infectado de sentimientos innobles a los ciudadanos y a las familias.

Eso debe ser una etapa superada en la nueva Venezuela. Debe llegar el perdón, la reconciliación y la unidad soldadas con la flama de la justicia.

Sobre el autor

Pedro D. Túa

Pedro D. Túa

ADS - Abogado
Columnista Freelance
Premio "Pulso y Alma de la Crónica en Venezuela" 2011 (Fundación Bigott)
perdrodomingotua@gmail.com

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