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Denuncian maltrato hacia migrantes venezolanos en cárcel de Ecuador

Redacción Papagayo
Escrito por Redacción Papagayo

“Mi sobrino fue maltratado” en el Centro de Rehabilitación Social de Machala, señala Pedro Izzo sobre Frank Rondón Rojas, quien intenta reponerse de los golpes que lastimaron su cuerpo y le robaron la lucidez, después de permanecer 68 días en la cárcel ubicada al sur de Ecuador, a donde fue a parar el 19 de marzo señalado de violar la cuarentena por el Covid-19.

“Mi mayor preocupación fue y es saber por qué él salió en ese estado; qué pasó allá dentro”, insiste en señalar Pedro a El Pitazo.

Como reseña el medio venezolano, el 28 de febrero Frank dirigía sus pasos hacia Chiclayo, en Perú. Iba desde Colombia con su mochila a cuestas, al encuentro de unos amigos que prometieron darle trabajo. Se proponía ganar dinero para enviarlo a Venezuela.

Pero el joven venezolano, oriundo de San Juan de los Morros, nunca alcanzó su destino final. “Frank dice ahora incoherencias. A veces está perdido y prácticamente se comporta como un niño de cinco años. No sé qué le pasó allá dentro”, cuenta su hermana Roanly, quien a duras penas lo reconoció cuando se reencontraron el martes 26 de mayo mediante una videollamada, un día después de recibir la libertad.

Su tío, Pedro Izzo, indica que la familia estuvo más de un mes intentando dar con su paradero. Incluso, llegaron a temer un secuestro. Pero fue el 9 de mayo cuando supieron dónde estaba. ¿Cómo? A través del familiar de otro detenido. “No sé qué dolió más, si saber que estaba preso en Machala o saber que había perdido la lucidez mental y había sido golpeado”, expresa Pedro.

Recuerda que en seguida buscó el número del caso de Frank, que consiguió gracias a un abogado de Quito. De inmediato, escribió un correo a la Defensoría del Pueblo de la Provincia de El Oro, de la que Machala es capital, en el que expuso la situación en que se encontraba su sobrino.

Solo entonces el organismo de derechos humanos notificó del caso a la Defensoría Pública. “Debo agradecer la atención de los representantes de ambas Defensorías, pero aún tengo ese sabor amargo de no saber por qué mi sobrino salió en esa condición; por qué la Defensoría Pública de Machala no fue informada en su momento, sino cuando yo les participé”, destaca Pedro.

“Las autoridades del Centro de Rehabilitación Social de Machala aseguran que mi sobrino se autoinfligía golpes. Presumimos que pudo ser por un estado de abstinencia al consumo de drogas; pero también estamos seguros que fue maltratado”, explica.

De ser cierta la versión de que Frank se hacía daño de manera intencionada, ¿cómo es posible que nos enteramos casi mes y medio después de su reclusión? ¿Por qué no permitieron que aportara algún número para ponerse en contacto con sus familiares o algún abogado? ¿Acaso esperaban que se recuperara de los golpes?, se pregunta el tío.

Aún más: por qué no hay un examen forense que determine el origen de las lesiones sufridas y les permita comprender lo que le sucedió. A estas alturas, señala Pedro, al menos ellos no lo tienen. Son elementos del caso que le resultan tan inverosímiles como sospechosos.

La mañana del lunes 25 de mayo Frank Rondón Rojas obtuvo la libertad plena, luego de celebrarse el juicio. El juez no encontró argumentos probatorios para considerar delito. Sin embargo, no le entregaron la boleta de excarcelación, comenta su tío.

El joven venezolano encontró alojamiento temporal en la casa taller de un hermano cristiano en Machala, quien también le ha proporcionado medicinas. “Es un gesto que la familia de Frank agradecemos enormemente”, subraya.

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