Opinión

Cuando la realidad virtual nos alcance

Foto: Archivo
Escrito por Iván Padrón

Parte I

Hay muchas personas, más de las que creemos, que son adversas a gran parte de la tecnología moderna por muchas razones. Prefieren no usar el teléfono celular, ni Facebook, solo usan Twitter para estar al día con lo que está sucediendo en el mundo a través de fuentes seleccionadas previamente, pero no envían tuits a nadie. Ni siquiera envían correos electrónicos a menos que tengan buenas razones para hacerlo, y no les gusta recibir o responder correos electrónicos.

Ni siquiera se molestan o distraen con los mensajes de texto en sus aparatos telefónicos, cada vez más amigables a pesar de su complejidad. Les incomoda la idea de tener información sobre ellos disponible o almacenada en Internet para que cualquiera la pueda ver en cualquier momento y menos dentro de muchos años. No les gusta la idea de que cualquier persona en cualquier lugar pueda tomarles fotos o videos sin sus permisos, y que estos pueden terminar en Internet, donde pueden propagarse sin control y permanecer en la conciencia pública mientras vivan, en realidad, pudiera ser mucho más que eso, los que muchos, sin ser abogados con sus implicaciones, llamarían violación de la privacidad.

Muchas de las cosas en Internet permanecerán allí mientras exista Internet. ¿Qué hay de malo con estas tecnologías? Parecen muy divertidas, incluso crean una sensación de poder para muchas personas. Aquí está el problema más serio, como ellos lo ven: las nuevas tecnologías están destruyendo la división tradicional entre la vida pública y la vida privada. Lo que es público es para el juicio de la multitud. En cambio, lo privado por definición no es para ser conocido y menos para ser juzgado por la multitud. En un mundo donde todo se hace público, la multitud lo sabría todo sobre ti y sería totalmente intolerante. Entonces, ¿cómo podría la libertad individual sobrevivir en un mundo así? Los resultados de esa exposición al público sin límites ni fronteras serían de resultados impredecibles y consecuencias inimaginables.

Lo curioso es que la esfera privada es de reciente aparición, si se considera la duración milenaria de la especie humana desde sus ancestros, donde lo más íntimo era oído por todos y se convertía en el tema de conversación de toda la tribu al día después. Entre los salvajes, todo es asunto de la multitud. El grupo se tiraniza completamente sobre el individuo, y no hay escapatoria sino muriendo. El individuo no tiene más remedio que creer lo que el grupo cree y hace lo que el grupo hace, y el grupo cree y hace muchas cosas que son ridículas o bárbaras en un número importante de veces. Los individuos libres solo pueden existir cuando se permite una amplia privacidad. La civilización y su avance depende completamente de individuos libres porque la multitud es incapaz de cualquier cosa que no sean los pensamientos más crudos.

Muchos creen que las nuevas tecnologías ya han afectado la calidad y carácter necesario de nuestros líderes. Las únicas personas que se convertirán en líderes en el futuro son las personas que pueden soportar tener el control de todos los aspectos de sus vidas en tiempo real. Todo lo que hagan será cuestionado por todo tipo de personas que estarán en posición de castigarlos con las críticas más despiadadas, constructivas o no. Todos los errores que hayan cometido serán conocidos por todos los que pueden usar un motor de búsqueda. Las personas con puntos de vista excéntricos, o, incluso, puntos de vista que no están completamente de acuerdo con el sentimiento público tendrán dificultades para obtener posiciones de liderazgo.

Vale comentar un hecho ocurrido en años recientes y que nos presenta lo que puede ser un presagio de lo que vendrá.

El incidente involucró el despido de dos personas por una broma privada que se hizo pública. Durante una conferencia sobre tecnología, un par de jóvenes hicieron un juego que, aparentemente, pudiera considerarse degradante para las mujeres. Una dama los escuchó y no les gustó, así que les tomó una foto, la adjuntó a un comentario crítico y la publicó en Twitter. El organizador de la conferencia vio el tuit y habló con los dos hombres al respecto. Su empleador se enteró y despidió a uno de ellos. La gente también estaba indignada por eso. Así que la mujer recibió amenazas y su compañía recibió ataques de denegación de servicio y mala publicidad. Entonces la mujer también fue despedida de su compañía.

A Miles les “gustó” el despido de él y a otro tanto el de ella. ¿Cómo se supone que una persona reaccione ante el hecho de que a él o ella también le puede ocurrir algo así, que uno de sus comentarios privados se haga público y que un intruso vengativo pueda hacer peligrar su trabajo? Parece dudoso que se pueda prohibir que otras personas tengan teléfonos móviles que puedan tomar esas imágenes. Entonces, ¿debería una persona comportarse en todo momento como si estuviera en público? Eso sería una pesadilla. Significaría que una persona nunca podría relajarse, sino que siempre estaría bajo el escrutinio constante de la opinión pública, una que no es justa y no es razonable.

En el pasado, la paz podía mantenerse entre grupos al permitir que las personas dijeran lo que querían en privado, siempre y cuando no hicieran comentarios objetables en público. ¿Qué sucede cuando ya no existe tal cosa como “privado” y todo sea público? Pero no es solo el declive de la privacidad, sino un problema serio.

La tecnología creará nuevas figuras de enlace social que definirán modos diferentes de relacionarse, tanto en sentido horizontal como en sentido vertical, necesarias tanto para la comunicación cotidiana entre familiares, amigos y compañeros de trabajo. Pero la armonía colectiva sólo será alcanzada si está basada en el respeto mutuo, “no le hagas a los demás lo que no te gustaría que té hicieran a ti”: la regla de oro como se le ha llamado popularmente.

Esta es válida no importa si estás en una nave intergaláctica o en una cueva entre montañas, la regla que mas nos cuesta reconocer en estos días es esa; todos por ser víctimas de la vanidad, la que algunos oyeron en sus casas, otros aprendieron en la escuela, y otros que, lo más seguro, representan la gran mayoría, la aprendieron con golpes y tropiezos en las calles y otras escuelas de la vida, pero de haberse cumplido al pie de la letra, hubiese evitado muchas de las guerras que han agobiado durante toda la historia de la humanidad a los más débiles, que son, en casi todas las veces, la mayoría.

Como un amigo me dijo hace muchos años atrás: “todo radica en la comunicación”.

Fuente: The Psychology of the Masses Why You Believe What You Believe and Do What You Do
by Noah Halberg

Sobre el autor

Iván Padrón

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