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Diáspora

Consejos para celebrar la Navidad a pesar de la distancia familiar

Las ausencias en la mesa a causa de la diáspora venezolana pueden ayudar a reinventar las manifestaciones de afecto y amor en la distancia . Foto: Gustavo Bauer
Gustavo Ocando Alex
Escrito por Gustavo Ocando Alex

Las fiestas de Navidad y Año Nuevo son oportunas para expresar agradecimiento y orgullo al familiar que migró y también a quienes se quedaron. Psicólogos detallan cómo preparar el mensaje familiar en llamadas a larga distancia en tiempos decembrinos

Especial Papagayo News

Una mesa grande, repleta de hallacas, pan de jamón, pan de queso, quesos amarillos y licores. Niños corren alrededor de ella, mientras la abuela pregunta a hijos y nietos cómo le quedó la sazón del guiso. Chistes, anécdotas, carcajadas. La Navidad del venezolano es esa intimidad familiar, pachanguera, amena. O era.

La migración de al menos tres millones de venezolanos a otros países ha dejado un árbol genealógico nacional con sus ramas dispersas por todo el mundo. Esa movilización global ha expuesto a las tradiciones decembrinas de quien viajó fuera del país —o de quien se quedó— a una inminente transformación.

Es un cambio que no necesariamente es negativo.

La nostalgia o la tristeza son invitadas naturales a la ecuación de un país arraigadamente afectivo entre su gente, que se niega a despedirse, sí, pero no tienen ellas por qué ser el epicentro de las festividades de fin año.

Hay estrategias emocionales, prácticas, que permiten transformar las navidades del venezolano en tiempos de migración masiva, siempre para bien, consideran expertos consultados por Papagayo News.

Jovana Villalobos, psicóloga y con especialidades en antropología social y cultural, considera lógico que la Navidad y el Fin de Año despierten la necesidad de vencer centenares de kilómetros de distancia con los seres queridos e incluso exacerben el deseo de volver para que las cosas sean iguales a años anteriores.

El primer paso a tomar debe ser la convicción en los planes de vida tomados de parte del migrante y la comprensión de ellos de parte del familiar que se queda. El siguiente es tomarse un tiempo para abrazar los sentimientos.

Hay que vivir esa emocionalidad, tomarse un tiempo con uno mismo para hacer presente la emoción, cualquiera que sea, para que pueda transmutar, acompañándose en gratitud, esperanza, compromiso y en certeza”, dice.

Villalobos recomienda no anular las celebraciones porque alguno de los miembros de la familia se haya marchado. “Existen pacientes que ante el duelo migratorio decidan no hacer nada. ‘Este año no hay Navidad’, dicen. La familia es parte de la historia, no la podemos anular de ninguna manera, es nuestra base. Sí se puede resignificar la Navidad desde el lugar donde estés”, explica.

Transfusión de tradiciones

Rescatar las tradiciones fuera del país puede ser antídoto a las depresiones, ansiedades y angustias de no estar cerca de la casa originaria. “Hacer hallacas, tener una mesa con comidas típicas, escuchar gaitas, esto es muy del venezolano y permite fortalecer el sentido de pertenencia”, afirma.

La doctora también aconseja aceptar las invitaciones de amigos o vecinos en naciones que hoy son nido. El migrante estará, así, poniendo sus pies y emociones en espacios que le brindan calor de hogar.

Biológicamente, estamos preparados para asociarnos, para relacionarnos con nuevas personas. Tener nuevos vecinos y amigos que tienen la intención de recibirlos en Navidad es abrirse a recibir lo que el otro me puede dar, que es valioso para concretar con la afectividad en espacios que son diferentes a las familias nucleares”, diagnostica.

La solidaridad también puede ser bálsamo más allá de los límites venezolanos. Diciembre es, tradicionalmente, una época de unión. Más allá de la condición de migrante, existen oportunidades de poder ayudar a otros y de, al unísono, rescatar la alegría de estas épocas.

Es conectarnos como una gran familia humana, que podamos mirarnos, sostenernos y seguir construyendo la red afectiva necesaria para esta época”, recomienda la psicóloga.

Ejercicios de gratitud

Una herramienta fundamental para disfrutar la Navidad no obstante las distancias es la comunicación. La tecnología, remarca Villalobos, es una oportunidad beneficiosa para facilitar el contacto del migrante con los suyos y viceversa.

El agradecimiento debe ser musa en esos momentos de intercambio familiar por aplicaciones como Skype, Facetime o WhatsApp. Son tiempos en los cuales las tristezas deben disiparse. “Debe haber un ejercicio de gratitud en familia. Desde cualquier lugar del mundo donde estén, pueden darse agradecimientos por el lugar que ocupan, con las nuevas posibilidades que se tienen para vivir”, asegura.

Esos minutos de comunicación en tiempos navideños aumentan la resiliencia de la familia entera. Escribir una carta o un correo electrónico de largo aliento también son gestos afectivos de importancia para el migrante.

En el caso de los niños separados de sus padres por circunstancias migratorias, debe ser aún más frecuente para bloquear la posibilidad de que se desarrollen sentimientos de abandono, nostalgia o rabia.

Gestos simbólicos que resuenen con la energía y la emocionalidad de esta época son favorables. El vínculo permanece. Lo que cambia justamente es la forma de relacionarse”, señala Villalobos.

Karelis Colina Pérez, psicóloga con experiencia de 25 años y docente universitaria, reconoce que el desafío comunicacional es mayor en el caso venezolano. Y es, también, de cuidado.

Aconseja clarificar los mensajes que se desean transmitir a los familiares mediante estas llamadas a la distancia para prevenir que se conviertan en momentos de frustraciones o malos entendidos.

En el caso de un migrante que llama a su hogar en Venezuela, lo mejor es identificar con antelación lo que verdaderamente desea comunicarle a cada uno de sus familiares. Colina Pérez recomienda aclarar la mente antes de llamar.

No puedo pensar que el otro puede inferir lo que quiero o necesito. Debo poner en palabras o gestos lo que voy sintiendo”, comenta. “Debemos identificar antes de hablar el objetivo comunicacional: cuál es el tono emocional, qué es lo que quiero que el otro sepa”, acota.

La psicóloga, con especialidades en el área social, advierte que existen migrantes o familiares de estos que se estacionan en frases como “te extraño” o “me duele mucho que no estés”. El antídoto es ser agradecido.

Es sabio apuntar y organizar las frases que se desean transmitir. “Podemos escribir en una hojita cuáles son las ideas que quieres compartir, para que no se distorsione tu mensaje de afecto, de positivismo y de buen deseo”, indica.

También, pueden colarse en esos mensajes expresiones de agradecimiento y orgullo por el esfuerzo de quien migró para mejorar su calidad de vida

Queramos decirle al familiar: ‘agradezco mucho tu esfuerzo, deseo que estés bien, espero que la pases muy bien’”, añade.

Colina Pérez invita a los venezolanos que se quedan en el país a alegrarse genuinamente por aquellos migrantes que se abren paso en sus países de destino y que comienzan a relacionarse con nuevas amistades.

“El corazón de las personas no es como un puño de arroz, donde tú distribuyes el poquito que te tocó. En él, caben muchas personas”, afirma.

Con orgullo y sin reclamos

Las familias resilientes se miran a sí mismas como cambiantes en un mundo siempre dinámico, abiertas a las diversidades de las experiencias en otros países y hasta de las distintas formas de relacionarse entre sí.

“El modelo de familia que hemos tenido no es el único y puede tener otras vertientes, que son adecuadas, que están bien también”, puntualiza la psicóloga Colina Pérez.

La clave está en lo que la familia cuenta y valora sobre sí misma. “El sistema de creencia familiar tiene que modificarse y esto puede permitir que la superación de la adversidad en la migración aparezca como un elemento de orgullo, que sustrae toda la referencia negativa y que encuentra allí crecimiento”, opina.

Hay que hablar mucho y hacerlo bien, mencionando en positivo ese proceso de búsqueda de nuevos recursos y destinos que la familia venezolana vive actualmente. La experta propone hacerlo desde la sensibilidad existencial, “de esa capacidad de adecuarme a los nuevos elementos que aparecen en mi vida”.

Ser capaces de acompañar emocionalmente a los que están afuera y viceversa. Esto puede significar en algún momento consolar o ponerle esa chispa de energía positiva, sembrar en ellos la esperanza, la palabra dicha de que “valoro el propio esfuerzo que hago o el propio esfuerzo del otro”.

Haber vencido los desafíos migratorios significa la aparición de un nuevo valor familiar que la unirá aún más, con particular acento en Navidad y Nuevo Año.

En palabras simples: es importante valorar esa historia familiar desde el agradecimiento y el orgullo de que los sueños compartidos se expanden y hallan nuevos nichos en otras naciones.

Habrá nostalgia en Navidad, admite la doctora, pero acota que los venezolanos dispersos por el mundo, y sus familiares, deben estar conscientes de la oportunidad que tienen de reconocer que, a veces, lo afectivo toma nuevas manifestaciones.

Esas expresiones, aconseja, hay que abrazarlas donde quiera que se esté.

Sobre el autor

Gustavo Ocando Alex

Gustavo Ocando Alex

Colaborador de Papagayo News.
Licenciado de Comunicación Social.
Profesional con amplia trayectoria como periodista, exjefe de edición y corresponsal de distintos medios de comunicación nacional e internacional.

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