Así descubrieron a ‘Mannophryne molinai’, la nueva especie de sapo en el norte venezolano

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Un hallazgo, publicado en agosto de 2018, reafirma a Venezuela como uno de los países con mayor diversidad de ranas pese a que el sistema científico nacional se mantiene inmerso en una crisis. Tres investigadores venezolanos descubrieron, en 2012, una nueva especie de sapo endémico —solo vive en la Sierra de Aroa, en el estado Yaracuy—: Mannophryne molinai, cuya supervivencia está amenazada por la deforestación.

Pero, si el descubrimiento ocurrió en 2012, ¿por qué apenas ahora lo sabemos? Pues la respuesta puede estar en la complejidad de la investigación y la disciplina de la taxonomía —la que se ocupa de la clasificación de los seres vivos, encuadrándolos en categorías como orden, familia o género—, además de las dificultades de los procedimientos científicos en Venezuela por la falta de financiamiento.

El develamiento de Mannophyrne molinai responde a una investigación desarrollada por Fernando Rojas-Runjaic, biólogo y curador de la colección de anfibios y reptiles del Museo de Historia Natural de la Fundación La Salle de Ciencias Naturales; Miguel Matta, biólogo de la Universidad Central de Venezuela (UCV); y Enrique La Marca, biólogo y profesor jubilado de la Universidad de Los Andes (ULA), con una larga trayectoria en el estudio de los anfibios.

Los científicos conversaron, en exclusiva, con Papagayo News.

El “sapito de collar de la Sierra de Aroa” —nombre común de M. molinai por tener una banda negra en la garganta— vive en los bosques de la Sierra de Aroa. Sin embargo, está considerada como una especie vulnerable “por su muy restringida distribución geográfica, por ser estrictamente dependiente de las quebradas para su subsistencia y porque su hábitat está siendo degradado y reducido por actividades antropogénicas —como la deforestación—”, según indica Rojas-Runjaic.

“La sierra de Aroa ha sido visitada desde hace décadas por herpetólogos —científicos que estudian los anfibios y los reptiles—, pero la primera referencia sobre la presencia de sapitos de collar en ese sistema montañoso, apareció en una publicación —en los años 90— de Enrique Yústiz (profesor y herpetólogo, ya difunto, de la UCLA, Barquisimeto), quien afirmó que se trataba de una especie relacionada con Mannophryne trinitatis”, relata Rojas-Runjaic.

La Rondona.

Los primeros ejemplares de Mannophryne molinai analizados en el estudio fueron encontrados por Miguel Matta en 2012 en la quebrada La Rondona, un riachuelo de la zona. Al principio, se pensó que se trataba de otra población de Mannophryne herminae —otra especie de sapito de collar, ampliamente distribuida en la Cordillera de la Costa de Venezuela—, pero las dudas persistían.

Matta consultó a César Molina (1960-2015), un herpetólogo con amplia experiencia sobre Mannophryne quien también presumió que podía tratarse de una especie nueva, aun no descrita.

Después, Matta, quien estaba terminando las pasantías de su carrera, contactó a a La Marca y a Rojas-Runjaic para reunirse desde 2012 y ejecutar un estudio a fondo. En una primera reunión en Mérida, con La Marca, determinaron por morfología que se trataba de una especie diferente. Pero, entre asignaciones, proyectos personales y altibajos en la investigación no fue hasta 2014 cuando Matta regresó a la Sierra de Aroa para recolectar nueva información que permitiera al equipo de científicos reafirmar que se trataba de una nueva especie y no de otra población de su “prima”, Mannophryne herminae.

El objetivo de su regreso a la Sierra de Aroa era colectar más individuos para caracterizar la variación morfológica, hacer fotos de ejemplares vivos para estudiar sus patrones de coloración en vida y grabar vocalizaciones.

“Entonces iniciamos el trabajo de revisión y comparaciones con otras especies, pero nos encontramos con grandes dificultades, pues los sapitos del género Mannophryne son muy parecidos entre sí y es complicado, incluso para los especialistas, diagnosticarlos sólo con base en la morfología externa” narra Rojas-Runjaic.

¿Cómo es el sapito?

De acuerdo con Matta, es pequeño: los más grandes solo alcanzan los 2,5 centímetros; y los machos son menores que las hembras.

Dorsalmente, sus colores son poco llamativos y les permiten camuflarse: son una mezcla de marrón, gris y verde oscuro.

Hembra de la especie Mannophryne molinai. Foto: Fernando Rojas-Runjaic

Ventralmente son más llamativos, sobre todo las hembras. El vientre de los machos es blanco y su garganta grisácea; las hembras presentan una coloración ventral más vistosa, con la garganta amarilla, el collar negro más marcado, y la barriga blanca parcialmente teñida de amarillo. Estos colores vistosos del vientre de las hembras son exhibidos por estas en despliegues de defensa de territorio frente a otras hembras.

 

“La nueva especie se asemeja en su morfología a M. herminae; no obstante, se distingue fácilmente de esta por la combinación única de su tamaño corporal pequeño, su patrón de coloración, la poca extensión de sus membranas interdigitales y las diferencias de su canto”, explica Rojas-Runjaic.

Macho de Mannophryne molinai. Foto: Fernando Rojas-Runjaic

Los machos de Mannophryne molinai presentan un llamativo comportamiento reproductivo: después de que la hembra deposita los huevos debajo de la hojarasca y estos eclosionan en renacuajos, los recogen y transportan en sus espaldas hasta pequeñas pozas junto a las quebradas. Por ello, también se les conoce como sapitos niñera.

César Molina (1960-2015)

 

 

Por cierto, su nombre específico molinai fue otorgado en honor a César Molina, herpetólogo, profesor de la UCV y gran amigo de los tres investigadores, quien falleció en 2015. Molina había anticipado la nueva especie.

Vulnerabilidad en detalle

La parte norte de la Sierra de Aroa está legalmente protegida por el Parque Nacional Yurubí, “pero el lugar donde fue encontrado Mannophryne molinai se ubica al sur del parque y no cuenta con resguardo ambiental. La región sur de la Sierra de Aroa presenta una fuerte intervención por el avance de la actividad agrícola y ganadera y la reducción de la franja de bosque, de los cuales depende la región del valle de Aroa como fuente hídrica en gran medida”, especifica Matta.

Hasta ahora, solo se conoce su presencia en La Rondona y, aunque se presume que pueda habitar otras zonas de la Sierra de Aroa, su marcado endemismo —muy restringida distribución geográfica— y su dependencia de las quebradas de montaña, las hace particularmente vulnerables. Eso quiere decir que si desforestan buena parte de la sierra de Aroa y contaminan las quebradas o las secan, la especie se extingue”, apunta Rojas-Runjaic.

Lo que reveló el análisis bioacúsctico

Fernando Rojas-Runjaic grabando los cantos de Mannophryne molinai para el análisis bioacústico.  Foto: M. Castellanos

El desarrollo del estudio llevó tiempo porque, además de las complicaciones ya descritas, fue necesario hacer una revisión de la serie de ejemplares que se usaron originalmente para describir a Mannophryne herminae —con la que debía ser comparada la nueva especie—. Dicha “serie-tipo” está depositada en el Museo Senckenberg, en Frankfurt, Alemania. “Por ello pedimos ayuda a un colega —investigador de ese museo— para que hiciera fotos de los ejemplares, y a partir de esas imágenes estudiamos su morfología externa”, señaló Rojas-Runjaic.

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Con toda esa información reunida, fue apenas en 2017 que los científicos venezolanos lograron redefinir morfológica y bioacústicamente a M. herminae, y acumular evidencia suficiente para diferenciar esta de los M. molinai de la Sierra de Aroa.

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“Los análisis bioacústicos revelaron que ambas especies tienen patrones diferentes de arreglo de notas en sus cantos. Mannophryne herminae emite cantos de anuncio consistentes en largas series de pares de notas, en tanto que Mannophryne molinai emite series prolongadas de notas simples. Esta diferencia es de gran valor para delimitar especies pues las vocalizaciones están asociadas a selección sexual y son especie-específicos”, detalló Rojas-Runjaic.

Dificultades antes de la publicación

Como en todo trabajo de investigación, siempre se presentan dificultades a la hora de trabajar o ir al campo, principalmente al momento de determinar los recursos. Actualmente, Venezuela está inmersa en una crisis científico-tecnológica por “erradas medidas de financiamiento, promovidas como política desde el Estado”, de acuerdo con los científicos Jaime Requena y Carlo Caputo en su análisis Pérdida de talento en Venezuela: migración de sus investigadores de 2016, donde también se estimaba —en ese mismo año— que el 62 % de los científicos venezolanos habían emigrado a otros países.

La divulgación de este descubrimiento no fue la excepción.

“Mis salidas de campo fueron pagadas con dinero de mi beca de estudios, pero el resto de los gastos fueron pagados con dinero de mis ahorros”, afirmó Rojas-Runjaic, quien actualmente realiza un doctorado en Brasil.

“Sí, los recursos en principio salieron de nuestra parte, pero contamos con apoyo de otros colegas y agencias. Por ejemplo, Láser Airlines nos apoyó con pasajes a la ciudad de Mérida para visitar la colección de anfibios y reptiles de la ULA a cargo de Enrique La Marca”, dijo Matta, quien agregó que el poco financiamiento conseguido fue obtenido tras “tocar puertas” en diversos lugares.

Todo esto explica los motivos por los que hasta ahora conocemos a Mannophryne molinai como una nueva especie. Además, luego de todo el proceso, los investigadores pasaron meses redactando minuciosamente el artículo que luego fue sometido al arbitraje correspondiente antes de ser publicado en Zootaxa, una revista científica internacional dedicada a la publicación de estudios sobre sistemática y taxonomía.

El panorama de la investigación y proyectos científicos en Venezuela

La productividad científica actual en el país es deficiente, sobre todo ante la falta de financiamiento y la migración de los científicos. A esto se suma no tener el acceso suficiente a otros ejemplares para su análisis, más si estos se encuentran fuera del territorio nacional.

Según La Marca, coautor del estudio, la investigación nacional “atraviesa por una crisis aguda. Esto último es debido, a juicio este investigador, a múltiples factores, entre los que destacan la falta de apoyo gubernamental a los programas de investigación científica, la paupérrima dotación a laboratorios y centros de investigación, la dificultad en conseguir materiales y equipos en el país, dificultades en las comunicaciones y suministro de electricidad, así como al éxodo masivo de profesores y estudiantes”.

De acuerdo con cifras ofrecidas por laboratorios internacionales, se estima que unos 12 mil científicos venezolanos han dejado el país en los últimos dos años y han optado por destinos como Ecuador, Colombia, Argentina, Estados Unidos y Canadá. Ese es el motivo principal por el que la Academia de Ciencias de América Latina (Acal) —que agrupa a más de 250 investigadores— pidió en su reunión más reciente de 2018 abrir los recintos científicos latinoamericanos para recibirlos.

Hembra y macho de Mannophryne molinai. | Fotos: Fernando Rojas-Runjaic

El extenso trabajo de campo que, pese a las dificultades llevó a un hallazgo, también elevó la suma a 20 especies del género Mannophyrne identificadas, de las cuales 18 son endémicas de los sistemas montañosos del norte de Venezuela. Las dos restantes son endémicas de Trinidad y Tobago.

Más de la mitad de las especies de Mannophryne están clasificadas en categorías de riesgo de extinción por la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). Sus principales amenazas son la degradación y pérdida de hábitat por actividades antropogénicas.

Puedes ver dónde están ubicadas todas las especies del género Mannophryne en el siguiente mapa interactivo: 

«Este descubrimiento revela que la fauna de anfibios en Venezuela está todavía en una fase de descubrimientos y apuntala la posición del país entre los ocho con mayor diversidad de ranas en el mundo«, destacó La Marca.

Foto principal: Fernando Rojas-Runjaic

Rosmina Suárez Piña

Rosmina Suárez Piña

Reportera de Papagayo News

1 Comentario

  • Un excelente informe, pero la crítica al gobierno mancha la intención positiva que conlleva. Es como describir con admiración la magnífica torta de cumpleaños que nos dieron y terminar mencionando que una de las fresas estaba muy verde. La crítica debería estar en otro artículo, unido a éste por un enlace para quien desee leerlo también.

    No debemos acostumbrarnos a involucrar los desastres del gobierno cada vez que hablemos de las cosas buenas que hacemos en Venezuela. Cada cosa en su sitio.

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