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Diáspora

Alrededor de 40 venezolanos han muerto en Perú por Covid-19

Staffers from the Secretary of Health take the temperature of Venezuelans returning to the country from Colombia, as a preventive measure against the spread of the coronavirus -COVID19- at the Simon Boliviar International Bridge, in Cucuta, Colombia-Venezuela border, on April 4, 2020. - Since the first case of COVID-19 was detected last March 6, Colombia has reported 1,406 people infected and 32 dead. (Photo by Schneyder MENDOZA / AFP)
Redacción Papagayo
Escrito por Redacción Papagayo

La Embajada de Venezuela calcula que unos 40 ciudadanos de ese país han muerto por el virus en suelo peruano.

Ante esto, el medio peruano Convoca.pe cuenta la historia de estos venezolanos que llegaron huyendo de la crisis y se toparon con una enfermedad que los llevó a la muerte. Los relatos de sus deudos hablan de las deficiencias del sistema de salud en el Perú, la falta de apoyo del gobierno, el miedo a ser discriminados y el deseo póstumo de llevar las cenizas hasta su tierra natal.

La primera es de José, quien no tiene claro dónde se contagió. Cree que pudo haber sido en el mercado Virgen del Carmen, en la avenida Bocanegra, en el Callao —región colindante a Lima—, a donde iba cada quince días. Era el único sitio al que salía desde que empezó la crisis sanitaria. Había quedado desempleado mucho antes de la cuarentena y era él quien se encargaba de hacer las compras, mientras su esposa hacía teletrabajo desde casa y su hija de 11 años seguía con sus clases virtuales.

Él tenía un año de haber llegado al Perú, proveniente de la ciudad de Mérida, ubicada al oeste del territorio venezolano, en la cordillera andina de esta nación. Su pareja había salido seis meses antes y esperaba en Lima a que su situación económica mejorara para reencontrarse. Sin embargo, la crisis de servicios públicos en Venezuela que culminó con un gran apagón eléctrico lo impulsó a salir con su hija antes de tiempo. 

En la segunda semana de abril, José empezó a presentar dolor de cabeza, fiebre y malestar general. Algo le hacía presagiar que tenía el nuevo coronavirus. Llamó al 113, el número habilitado por el Ministerio de Salud para atender los casos de COVID-19. Le dijeron que no podían ayudarlo porque no tenía dolor de garganta ni dificultad para respirar.

Entonces, decidió automedicarse: comenzó a tomar paracetamol y otros remedios que le recomendaban. “Gracias a Dios me recuperé”, cuenta con el tono pausado que caracteriza a quienes vienen de los estados andinos de Venezuela. “Lo malo fue que, a los días, mi esposa comenzó a sentirse mal”, agrega.

Ella manifestó todos los síntomas. Así que volvieron a llamar al 113 y, de nuevo, les negaron la atención, esta vez con el argumento de que la paciente no había tenido contacto con algún extranjero.

Después de que supieron que tenía coronavirus la dejaron sola. Nadie más se quiso acerca a ella”, recuerda José, quien asegura que no fue hasta las 11 de la noche cuando le asignaron una camilla en la carpa de pacientes con COVID-19.

Los días siguientes, él estuvo pendiente de su estado de salud. Pero solo recibía reportes a medias. Le decían que estaba delicada. El 30 de abril lo llamaron a las 6 y 22 de la mañana para informarle que su esposa había fallecido el día anterior a las 2 y 20 de la madrugada. La notificación llegó 28 horas después de su deceso. “Yo estuve allí en el hospital y nadie me dijo nada. Incluso, me mandaron a comprar pañales y agua cuando ella ya estaba muerta”, se queja.

Cuando pidió las cenizas de su esposa le dijeron que no encontraban el nombre de ella en los archivos. Tardaron cinco días en dárselas. Aunque la duda lo invade, José prefiere no pensar que el crematorio haya cometido un error. “Quiero confiar en Dios, que me hayan entregado los restos de mi esposa porque para mi hija esa son las cenizas de su mamá”, dice.

El Sistema Informático Nacional de Defunciones (Sinadef) registra, hasta el 16 de junio, solo nueve muertes de venezolanos asociadas al coronavirus. Se trata de cuatro casos confirmados, cuatro sospechosos y uno que figura como “neumonía por coronavirus”. En su mayoría, hombres mayores de 50 años.

No obstante, el embajador de Venezuela en el Perú, Carlos Scull, dice que su equipo ha registrado cerca de 40 venezolanos fallecidos por el virus y teme que, en virtud del alto índice de contagios en el país, la lista pueda ser mayor.

“La situación de los migrantes venezolanos es desesperante. Tenemos un censo con 153 mil hogares en condiciones de vulnerabilidad y existen 55 mil venezolanos que están en peligro de desalojo. Nos preocupa que puedan quedar en la calle y que se expongan al contagio”, explica.

Hasta ahora, los migrantes no han sido considerados dentro de los programas de ayuda social que el Gobierno ha desplegado por la pandemia. El canciller Gustavo Meza-Cuadra reconoció durante su alocución del 31 de marzo pasado que la población venezolana es una de las más vulnerables. Sin embargo, relegó a los organismos internacionales la responsabilidad de ayudarlos.

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